INTERINIDAD EN EL EMPLEO PÚBLICO: EL FRAUDE QUE SIGUE SIN RESOLVERSE

INTERINIDAD EN EL EMPLEO PÚBLICO: EL FRAUDE QUE SIGUE SIN RESOLVERSE

Más de 800.000 trabajadoras y trabajadores públicos continúan en situación de abuso de temporalidad en el Estado español. En la sanidad pública madrileña, y especialmente en el Servicio Madrileño de Salud (SERMAS), esta realidad afecta desde hace años a decenas de miles de profesionales que sostienen hospitales, centros de salud y servicios esenciales en condiciones de precariedad permanente.

Durante años se prometió que los procesos de estabilización acabarían con la temporalidad y repararían una injusticia histórica. Sin embargo, la realidad demuestra que el problema sigue abierto: la temporalidad continúa, el abuso no ha sido reparado y el sistema sigue generando nuevas situaciones de fraude de ley.

La contratación temporal en la Administración debería utilizarse únicamente para cubrir necesidades puntuales y limitadas en el tiempo. Pero lo que ha ocurrido durante décadas ha sido justo lo contrario: puestos estructurales y permanentes han sido cubiertos mediante nombramientos temporales durante años, e incluso décadas.
Cuando lo temporal cubre necesidades permanentes, deja de ser una excepción y se convierte en un modelo de gestión.

POR QUÉ SE SIGUE “FIRMANDO COMO INTERIN@S”

La interinidad no es una elección de las trabajadoras. Son las propias Administraciones las que mantienen este sistema al no convocar plazas suficientes, prolongar vacantes estructurales y utilizar la temporalidad como herramienta organizativa y presupuestaria. Todo ello sin consecuencias reales frente al abuso.
El Tribunal de Justicia de la Unión Europea ha señalado en varias ocasiones que este uso prolongado de la temporalidad es contrario al Derecho europeo y que las medidas adoptadas hasta ahora no son eficaces para prevenir ni reparar el abuso.

Miles de interinas e interinos llevan más de una década ocupando el mismo puesto, realizando funciones estructurales y sosteniendo servicios públicos esenciales. Han acumulado experiencia, responsabilidad y conocimiento real dentro del sistema público. Y, sin embargo, siguen sin tener una reparación efectiva.
El problema es el abuso prolongado de la temporalidad, y la solución no puede ignorar a quienes llevan años sosteniendo los servicios públicos. Sin embargo, muchos procesos de estabilización han dado un peso excesivo a la formación y a méritos ajenos a la experiencia efectiva en el puesto, obligando a muchas trabajadoras a competir por el trabajo que llevan años desempeñando.

No se han estabilizado personas; se han estabilizado plazas. Y eso ha provocado incluso la pérdida de empleo de profesionales con décadas de servicio público.
En el SERMAS esta situación sigue siendo especialmente grave. Las plantillas continúan siendo inestables, la temporalidad sigue utilizándose de manera estructural y nuevas situaciones de precariedad continúan generándose cada año.

La temporalidad estructural no es casual. Permite mantener plantillas sin consolidar, ajustar costes y sostener un modelo basado en la incertidumbre permanente de miles de trabajadoras. Y esa incertidumbre genera miedo: miedo a perder el empleo, a reclamar derechos o a organizarse colectivamente.

No es solo precariedad laboral. Es también una forma de control.

Desde el MATS defendemos que la temporalidad solo puede tener sentido para necesidades excepcionales y limitadas en el tiempo. Utilizarla durante años para cubrir puestos estructurales constituye un fraude de ley que debe ser reconocido y reparado.
Porque no se puede sostener la sanidad pública ni los servicios públicos sobre la precariedad de quienes los hacen posibles.

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