Aquí la vejez espera: crónica desde una residencia pública

Aquí la vejez espera: crónica desde una residencia pública

Carta publicada en el periódico Madrid en Acción

Esther F.  Delegada sindical MATS 
TCAE de una residencia pública de la Comunidad de Madrid.

Señoras, Señores, y todo el que quiera ver:
A las ocho de la mañana, en una residencia pública de mayores, no suena la vida. Suena la espera. Pasillos interminables, luces frías, cuerpos inmóviles. Personas mayores sentadas, otras aún en la cama, algunas mirando al vacío. No esperan visitas. Esperan que alguien llegue a tiempo para ayudarles a levantarse, a asearse, a desayunar. Esperan porque no hay suficientes manos.

Mientras tanto, la Comunidad de Madrid, presidida por la señora Isabel Díaz Ayuso, transfiere 61 millones de euros procedentes de las residencias públicas del AMAS. Dinero que sale de centros donde cada euro se traduce en tiempo, en cuidados y en dignidad.

Aquí la falta de personal no es una estadística: es un residente que desayuna encamado sin quererlo. Es un aseo que se retrasa horas. Es una piel frágil que espera demasiado. No es desorganización ni dejadez profesional; es un abandono estructural.

Las trabajadoras vivimos al límite. Días denegados de forma constante. Sin planilla anual. Sin posibilidad real de conciliación. Jornadas en las que, en ocasiones, ni siquiera hay material básico para comenzar a trabajar: faltan toallas, faltan recursos, falta apoyo. Lo único que nunca falta es la presión por no llegar a todo.
En los carros de comida también se reflejan los recortes: raciones escasas, productos que no alcanzan para todos, sacarinas que faltan, zumos que se reparten a medias. La indignidad no siempre llega de golpe; a veces se instala poco a poco, normalizando la escasez.

Las prisas no entienden de vejez, pero gobiernan nuestras mañanas. Los ritmos de los mayores son atropellados por un sistema que obliga a correr. Los pasillos se vuelven grises y silenciosos, llenos de miradas que preguntan sin palabras: “¿Cuándo me toca a mí?”. Y una TCAE que llega cuando puede, no cuando debería.

Duele profundamente saber que recursos tan necesarios se han retirado de residencias públicas con infraestructuras envejecidas, plantillas insuficientes y carencias evidentes. Duele querer dar más y no poder. Duele comprobar cómo la vejez se gestiona como una antesala del final y no como una etapa que merece cuidado, tiempo y humanidad.

Las residencias públicas deberían ser el orgullo de un sistema social. El lugar donde se mide la decencia de una sociedad. Hoy, demasiadas de ellas están a la deriva.

No olvidemos algo esencial: todos, sin excepción, llegaremos a ser mayores. Y el trato que hoy reciben ellos es el que mañana recibiremos nosotros.
Quienes trabajamos en estos centros sabemos lo que significa repartir un yogur entre dos personas vulnerables. Incluso en la escasez nunca olvidamos que somos profesionales.
La dignidad no puede sostenerse solo con vocación. La dignidad necesita recursos.
Atentamente,

Esther F.
Delegada sindical MATS
TCAE de una residencia pública de la Comunidad de Madrid.

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