Preferiríamos olvidarlo, pero la emergencia climática sigue ahí

Preferiríamos olvidarlo, pero la emergencia climática sigue ahí

Preferiríamos olvidarlo, pero la emergencia climática sigue ahí

Jorge Riechmann

(Notas sobre las que basé mi intervención en la Fundación Zenobia y JRJ, Moguer, 22 de julio de 2026)

Estabilizar lo que podamos del clima favorable del Holoceno (esa época geológica acogedora que por desgracia ya hemos dejado atrás, internándonos en el Antropoceno) es para la humanidad una cuestión de vida o muerte. Pero, por desgracia, como sociedad no lo estamos haciendo; ni siquiera estamos comprendiendo la dimensión del problema.

Como me toca (por encargo de Antonio Orihuela) dar algunas malas noticias ahora que vamos a comenzar nuestro encuentro Voces del Extremo de este año de 2026, en medio de la tercera ola de calor sufrida en seis semanas, me pongo alguna venda antes de la herida. Muchas de mis entrevistas, conversaciones y charlas acaban con peticiones del tipo: “señor Riechmann, díganos algo que nos dé esperanza, necesitamos esperanza…” Habría que contestar algo así: “¿Quieren ustedes que les engañe mucho o poco, y en función de ello podemos dosificar más o menos esperanza?”

Bueno, lo anterior en realidad se refiere más al optimismo que a la esperanza, y no habría que confundir ambos conceptos. Y podemos estos días, si queréis, hablar cuando toque de esperanza contrafáctica (ahí no hace falta mentir).

***

Hace casi un cuarto de siglo que George Monbiot se preguntaba en las páginas de The Guardian: “¿Estamos abocados a caminar como sonámbulos hacia la extinción?”[1]

Lo que estamos haciendo al degradar la habitabilidad de la Tierra (o incluso acabar con ella, para seres como nosotros) con la tragedia climática y la Sexta Gran Extinción es peor que ninguno de los crímenes contra la humanidad, crímenes de guerra y genocidios cometidos en el pasado. Es peor que la Shoah y el Porraimos, peor que los exterminios coloniales, peor que los genocidios (como los del pueblo armenio o el pueblo herero), peor que África convertida en “corazón de las tinieblas”, peor que la masacre de los comunistas indonesios, peor que las violencias patriarcales, peor que las peores guerras, peor que los choques humanos más destructivos. Pero preferimos seguir mirando hacia otro lado, atenuar la molesta disonancia cognitiva e ignorar todo esto.

***

Noruega, en vez de ayudar a descarbonizar, quiere ampliar su condición de petroestado explotando el Ártico. Y hay quien se sorprende en estos términos: “La política energética noruega encierra una enorme paradoja. Verde, muy verde de puertas adentro, ha conseguido la mayor electrificación del parque móvil del mundo: nueve de cada diez coches que se venden hoy en el país se mueven con batería y no emiten ni un solo gramo de dióxido de carbono en su uso. De puertas afuera, sin embargo, sigue siendo una economía tremendamente fósil: más del 90% de sus exportaciones son de gas natural y petróleo. Una cifra que, lejos de bajar, ha crecido con fuerza por las subidas de precios provocadas por las guerras de Ucrania e Irán…”[2] Pero no hay paradoja ni contradicción ninguna, si no cerramos los ojos ante la evidencia de que las renovables de alta tecnología son dependientes de los combustibles fósiles, y que es imposible descarbonizar de verdad sin reducir drásticamente nuestro uso de energía.

“Sostenibilidad”, en el 99% de los casos, no es más que el viejo desarrollismo feroz levemente pintado de verde.

***

Reducir de verdad las emisiones de GEI significa ceder poder (militar y económico, y por ello también poder político). Ha insistido con acierto sobre ello Amitav Ghosh en El gran delirio (2017)Una estrategia de contracción y convergencia, por ejemplo, redistribuiría no sólo la riqueza (en beneficio del Sur global), sino también el poder. Y “para un sistema de seguridad orientado al mantenimiento del dominio en el mundo, éste es precisamente el escenario más temido; desde este punto de vista, el mantenimiento del statu quo es el más deseable de los resultados. (…) Desde esta perspectiva, la inacción mundial respecto del cambio climático no es el resultado de la confusión, el negacionismo o una falta de planificación: al contrario, el plan es el mantenimiento del statu quo. El cambio climático puede facilitar este plan proporcionando una coartada para una intrusión militar cada vez mayor en todo tipo de espacio geográfico. Y es muy probable que esta estrategia tenga un apoyo tácito, si bien extenso, en muchos países occidentales”.[3] Mantenimiento del statu quo pero –hay que insistir sobre ello– no ya con formas de democracia liberal, sino con fascismo.

En definitiva: si la geopolítica imperial prevalece, dado que los diferenciales de poder (entre las naciones y también dentro de ellas) están estrechamente relacionados con las emisiones de carbono, no habrá manera de hacer frente a la crisis climática. “La distribución del poder mundial ocupa el centro de la crisis climática. Éste es uno de los mayores obstáculos para adoptar medidas de mitigación, sobre todo porque es un hecho que no se reconoce”.[4]

***

George Kennan, uno de los arquitectos del orden geopolítico posterior a la Segunda guerra mundial, advertía a la clase dirigente de los EEUU en 1948: “Poseemos alrededor del 50% de la riqueza del mundo, pero sólo el 6’3% de su población. (…) Nuestro verdadero objetivo en el futuro próximo es idear un patrón de relaciones que nos permita mantener esta posición de disparidad. Para ello, tendremos que prescindir de todo sentimentalismo y fantasía: nuestra atención tendrá que concentrarse siempre en nuestros objetivos nacionales inmediatos”.[5]

Este “verdadero objetivo” se cumplió ampliamente: hacia el año 2000 EEUU, con sólo un 5% de la población mundial, acaparaba el 25% de la energía comercial del mundo y emitía el 22% del CO2. Durante los últimos decenios del siglo XX este único país, con su capitalismo desaforadamente extractivista que se ofrecía al resto del mundo como modelo, consumía alrededor de la tercera parte de los recursos naturales globales.[6] ¿Había alguna manera de mantener esta desigualdad aberrante sin convertirse en una sociedad fascista, militarmente agresora de muchos otros países? Que la respuesta es “no” terminamos de verificarlo ahora, con la segunda presidencia de Donald Trump, que ha prescindido “de todo sentimentalismo y fantasía” como ninguna otra anterior: estamos en el esperpento cuasinazi de Daddy Ubú y su Corte de los Milagros. Amigos, amigas, no habléis de ecofascismo: lo que tenemos es fachesperpento. Lo que tenemos es el Gran Guiñol del Apocalipsis.

Hace ya años que se advirtió que la infame “ética del bote salvavidas” de Garrett Hardin iba a transformarse en una “política del bote salvavidas militarizado”:[7] se combina una represión creciente contra los movimientos de protesta en el interior de cada Estado, la militarización de las fronteras, una política agresiva contra los inmigrantes y la preparación (o la puesta en práctica) de guerras por los recursos. Es también la senda por la que está avanzando la UE.

***

Hemos dicho antes que reducir de verdad las emisiones de GEI significa ceder poder, y esto hay que explicarlo un poco.

Geoffrey Lean escribe que “las encuestas muestran que el 80-89% del público global comprende la amenaza del colapso climático y quiere que sus gobiernos actúen, pero el mundo parece estar yendo hacia atrás porque las empresas de combustibles fósiles se enfrentan a una lucha por la supervivencia”.[8] Seguimos sin entender bien esto… No es sólo que el capitalismo fósil sea muy poderoso –que lo es–, sino que descarbonizar de verdad implica un mundo más lento, más local, menos individual, menos mercantilizado… Rasgos que, desde el ideario dominante, se perciben como debilidad y pobreza.

Con los combustibles fósiles –con su excepcionalidad no reconocida como tal– nos hemos emborrachado de energía casi gratis: una cogorza de proporciones cósmicas que ha desestabilizado muchas dimensiones de la biosfera, comenzando por el clima de la Tierra. Un barril de petróleo igual a cinco años de trabajo físico de un ser humano:[9] esta ecuación debería figurar grabada en la puerta de todas las escuelas, pero ¿quién se ha topado con ella alguna vez, fuera de debates ecologistas de esos que se consideran “de nicho” y de algunas formaciones especializadas?

Otra manera de verlo: comparar el valor real del petróleo con su precio de mercado. Un pionero en esta pedagogía social de la energía como fue Buckminster Fuller llegó a valorar la energía solar encapsulada en un libro de petróleo en 300.000$. Esto es, 42 millones de dólares por barril, ¡medio millón de veces su precio de mercado![10]

Una tercera manera de intuir lo que está en juego: la energía de los combustibles fósiles que estamos usando es el equivalente al trabajo de más de 500.000 millones de trabajadores (frente a los cerca de 4.000 millones que existen realmente en la actualidad).[11]

Nuestra ceguera ante el apocalipsis (Günther Anders) va de la mano con nuestra ceguera ante la energía (Nate Hagens).

***

La CGD (Cultura Global Dominante, muy marcada por la hegemonía de EEUU en nuestro pasado reciente) nos ha acostumbrado a funcionar como si fuese normal acumular superpoderes (en lo esencial, aprovechando mayores cantidades de energía exosomática mediante dispositivos técnicos). Hoy, para sobrevivir, necesitaríamos renunciar a una parte de esos superpoderes (descarbonización). Como la CGD nos ha vuelto incapaces de hacerlo (o al menos muy renuentes), vamos a devastar la biosfera y a colapsar. Lo cual, de hecho, es lo que ya estamos haciendo.

***

Se avecina un episodio de El Niño bastante aterrador, frente al que advierten Antonio Turiel, Fernando Valladares y Juan Bordera.[12] Juan, en una impactante conferencia pronunciada en el curso de verano organizado por AGADEN/ Ecologistas en Acción en la Universidad de Cádiz (donde yo también participo), explica que El Niño de 2015 evidenció un cambio de fase en el calentamiento global (mucho más rápido e intenso desde entonces) y que a partir de ahí “los saltos que El Niño está dando no se vuelven a bajar: se convierten en escalones”. El tiempo, por desgracia, se nos está acabando: “estamos en un tiempo de descuento”.[13]

***

Sí, estamos en pleno retroceso… El impulso del “capitalismo verde” en los últimos años del decenio de 2010 y los primeros de 2020 ha resultado ser muy efímero.[14] Por ejemplo, se ha publicado el informe (décimo séptima edición) Banking on Climate Chaos, que muestra cómo los bancos, en estos últimos años, van zafándose de sus (nunca demasiado ambiciosos) compromisos climáticos y aumentan la financiación a la industria de los combustibles fósiles: +8% en 2025 (respecto de 2024) en el conjunto de los 65 bancos más grandes del mundo. Y entre ellos el Santander, +6’2%, y el BBVA, con nada menos que un +23’1%.[15]

***

“Un estudio publicado [en la primavera de 2026] en Science Advances propone construir tres presas a través del estrecho de Bering para [tratar de] estabilizar la Circulación Meridional de Retorno del Atlántico, conocida como AMOC, uno de los sistemas oceánicos que influyen en el clima del norte de Europa…”[16] Ay, amigos y amigas: toda clase de geoingenierías antes que pensar en la autorregulación humana a través de la política y la ética –y en un más allá del capitalismo.

***

Nos aferramos a una idea de normalidad y de progreso (en forma de dominación creciente sobre la naturaleza) que pudo parecer plausible durante apenas un par de siglos merced al uso de cantidades ingentes de energía fósil, pero que ya no tiene sentido en el mundo climáticamente desestabilizado que es el nuestro.

Reflexión astrofísica final: como han señalado algunos investigadores, cabe pensar que el cambio climático antropogénico es la consecuencia involuntaria de la misma existencia del ser humano como especie. Para los planetas con vida basada en el carbono (y tectónica de placas), los combustibles fósiles suponen al mismo tiempo la Tentación Definitiva y la Gran Prueba, el examen final de viabilidad para una civilización compleja (examen que no puede aprobarse sin una considerable dosis de sabiduría).[17] Nosotros estamos suspendiendo ese examen.

***

¿Cómo hablar a nuestros niños y jóvenes que crecen en un mundo de riesgos extremos? El paleoantropólogo francés Ludovic Slimak sugiere que hay dos cuestiones clave. “Cuando se tienen hijos se asume una responsabilidad inmensa, titánica. Y la cuestión es no sólo en qué mundo los dejamos, sino qué palabras les damos para hablar de nuestro mundo. Y creo que a eso debemos prestar muchísima atención, ya que los colapsos se producen, de hecho, por la desesperación de los niños. (…) La realidad básica es que están en un mundo extremadamente hermoso, es una especie de pequeño oasis en un vasto vacío a millones de años luz de distancia. Y este oasis, hoy, en su estado actual, sigue siendo increíblemente hermoso. Su diversidad y belleza son absolutamente impresionantes. El segundo punto es que el mensaje que debemos darles no es: ‘Bien, ahora que están aquí, se hallan en serios problemas’. No, no es eso. Debemos ofrecerles una perspectiva diferente, una en la que les digamos que cada generación nos hemos enfrentado a esto. Y la generación de nuestros padres o abuelos ciertamente se encontraba en una situación geopolítica mucho más complicada y difícil. Hasta 1990, estábamos en la Guerra Fría, con un mundo dividido y superpotencias nucleares listas para aniquilar el planeta. Si das un paso atrás, una generación, caemos en 1939-45; si retrocedemos otra generación, caemos en 1914-1918. Así que lo importante para la generación más joven es comprender que la situación actual no es excepcional. La vida consiste en gestionar desastres; todos intentamos improvisar y arreglárnoslas, pero eso también significa que aún tienen cierto control sobre las cosas. Si el imperio soviético pudo colapsar sin un conflicto nuclear total, si pudo terminar pacíficamente, si pudimos salir del nazismo sin que todo el viejo mundo estuviera dominado por los nazis, bueno, hemos salido de todo eso… Y hoy, el mundo en el que vivimos tiene todos sus defectos, pero también todas estas cosas magníficas. Y lo más importante, que yo desarrollo en el libro El último neandertal, es que no hay que dejar que la generación joven tenga la sensación de que el futuro está escrito, porque si no, no se puede hacer nada. No, no, no: el mundo les pertenece.”[18]

***

Creo que es un error optimista de Slimak pensar que “la generación de nuestros padres o abuelos ciertamente se encontraba en una situación geopolítica mucho más complicada y difícil”, mas pasemos por alto este detalle de su análisis. Quedémonos con la idea fundamental de que “la vida consiste en gestionar desastres”. Pero hay que ponerse a ello, los desastres no se gestionan solos…

Dejarnos caer a lo peor de nosotros mismos es el movimiento íntimo del fascismo. Pero debemos resistir cuanto podamos contra la deshumanización, el ecocidio y el genocidio.

***

Volver a casa: eso es. Regresar a la casa de la humanidad que es la Tierra/ Gaia; a la casa hospitalaria que compartimos con millones de otras especies, con trillones de seres vivos fantásticamente diversos; a la casa de la que no somos propietarios, sino inquilinos, y que hemos de entregar en buen estado a las siguientes generaciones de inquilinos.

NOTAS

 

[1] George Monbiot, “Sleepwalking to extinction”, The Guardian, 12 de agosto de 2003.

[2] “Noruega quiere que la UE avale la extracción de crudo del Ártico”, El País, 8 de junio de 2026; https://elpais.com/internacional/2026-06-08/noruega-presiona-a-la-ue-para-que-avale-la-extraccion-de-petroleo-del-artico.html

[3] Amitav Ghosh, El gran delirio, Capitán Swing, Madrid 2026, p. 158 y 160.

[4] Ghosh, El gran delirio, op. cit., p. 61.

[5] Citado en Amitav Ghosh, La maldición de la nuez moscada, Capitán Swing, Madrid 2023, p. 163.

[6] En sólo cinco decenios (1940-1990), los estadounidenses consumieron más recursos minerales y combustibles fósiles que todos los demás pueblos del mundo a lo largo de toda la historia humana (Andrew Dobson, Green Political Thought, Unwin Hyman, Londres 1990, p. 78). En los años noventa del siglo XX, ese 6% de la población mundial consumía el 33% de la extracción anual de recursos no renovables para mantener uno de los niveles de vida y de despilfarro más altos del mundo.

[7] Christian Parenti, Tropic of Chaos: Climate Change and the New Geography of Violence, Nation Books, Nueva York 2012.

[8] https://x.com/GeoffreyLean/status/2061571873058463856 . Se apoya en Fiona Harvey, “In our 250th edition, we ask just how well the fight against climate change is really going”, The Guardian, 29 de mayo de 2026; https://www.theguardian.com/environment/2026/may/28/in-our-250th-edition-we-ask-where-on-earth-we-are-in-the-fight-against-climate-change

[9] Véase lo que cabe llamar la “trilogía del petróleo” (tres vídeos breves) de Nate Hagens: “What You Actually Need to Know About Oil: Frankly 135, 136 & 137”. https://tratarde.org/como-entender-la-actual-crisis-energetica-tres-videos-breves-de-nate-hagens/

[10] Manuel Casal Lodeiro, Las verdades incómodas de la Transición Energética, Icaria, Barcelona 2024, p. 220.

[11] Nathan J. Hagens, “Una economía para el futuro: más allá del superorganismo”, PAPELES de relaciones ecosociales y cambio global 151 (2020), p. 112.

[12] “…si este Niño hace como sus predecesores, y tiene pinta de que incluso puede superarlos a todos, la temperatura del planeta subirá otro escalón de alrededor de 0’15 ºC”. Antonio Turiel, Fernando Valladares y Juan Bordera, “Tsunami de calor”, ctxt, 6 de julio de 2026; https://ctxt.es/es/20260701/Firmas/54245/artico-tsunami-ola-de-calor-chorro-polar-europa.htm

[13] Juan Bordera, “El siglo de los límites (energético y ecológico)”, conferencia en el curso de verano “Ecologismo y activismo ciudadano: 50 años de lucha ambiental desde la sociedad civil”, Universidad de Cádiz, 10 de julio de 2026.

[14] Véase Thea Riofrancos, “El nuevo orden climático mundial”, sin permiso, 17 de julio de 2026; https://sinpermiso.info/textos/el-nuevo-orden-climatico-mundial

[15] https://www.bankingonclimatechaos.org/wp-content/uploads/2026/06/BOCC_2026_vFINAL.pdf

[16] Felipe Espinosa Wang: “Proponen megamuro entre Alaska y Rusia para salvar la AMOC”, 6 de mayo de 2026; https://www.dw.com/es/cient%C3%ADficos-proponen-levantar-un-megamuro-entre-alaska-y-rusia-para-estabilizar-la-amoc/a-77069224

[17] Véase al respecto Jorge Riechmann, “Una terrible conjetura astrobiológica” en Informe a la Subcomisión de Cuaternario, Árdora, Madrid 2021, p. 62-63.

[18] Slimak, “El problema fundamental para los jóvenes es el colapso de su sistema de valores”, op. cit.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *