Ceuta: Exijamos el fin de la violencia racista y condiciones de acogida dignas ya, mientras luchamos por el derecho a la libre circulación de las personas.
Ceuta: Exijamos el fin de la violencia racista y condiciones de acogida dignas ya, mientras luchamos por el derecho a la libre circulación de las personas.
Javier Cordón
La crisis de Ceuta tiene muchas caras y enfoques, sin embargo, en este artículo se van a tratar tres aspectos.
1) Una valoración de las distintas actuaciones habidas ante la crisis humanitaria desencadenada el 30 y 31 de julio con el paso desde Marruecos de entre 70.000 y 80.000 personas, de las que 141 murieron en el intento, y enmarcada en unas leyes que restringen severamente el paso de las personas no europeas ni españolas que vienen de África.
2) Sobre medidas inmediatas para acabar con la vulneración de derechos de los inmigrantes llegados a Ceuta.
3) Sobre medidas para impulsar el combate contra la vulneración cada vez más generalizada del Derecho a la libre circulación de las personas (Artículo 13 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos). Parece imprescindible debatir sobre qué hacer para acabar con la vulneración cada vez más generalizada de este derecho, que especial se produce contra las personas pobres. Además, es irreal, complica las cosas y genera violencia y muerte, querer contener con muros y vallas los movimientos de personas generados por las profundas desigualdades que existen entre zonas de gran riqueza y zonas donde simplemente vivir es cada vez más difícil. Todo parece indicar que esta lucha por el derecho universal a la libre circulación solo tendrá solución si tiene un carácter internacional: ni los movimientos migratorios ni las desigualdades que los originan e impulsan tienen solución si se abordan exclusivamente entre países fronterizos.
El gobierno de coalición presionado por la extrema derecha y la derecha mundial, en medio de zigzagueos, está dando más importancia a las políticas de expulsión que a las de acogida.
Tuvieron que pasar 20 días para que desde el gobierno central y el gobierno de la ciudad autónoma se empezasen a tomar las primeras medidas para que aquellos que han quedado en la ciudad, entre 7.000 y 10.000, de ellos unos 800 niños y 700 niñas, tuviesen unas mínimas condiciones de existencia. Hasta ese momento, solo los casos de urgencias o de mayor gravedad sanitaria habían sido tratados por los profesionales sanitarios; el resto, habían podido malvivir gracias a las ayudas proporcionadas por vecinas y vecinos de Ceuta, asociaciones barriales y ONGs. La mayoría de recursos oficiales enviados hasta esas fechas desde la Península habían sido de carácter militar o policial. En el momento de escribir esto, varios miles de personas siguen aún sin un lugar de acogida, ni en Ceuta ni en la Península.
Desde el punto de vista sanitario, llama la atención que el Ministerio de Sanidad que es el responsable, a través de INGESA, de la gestión de la Atención Primaria y Especializada de la ciudad autónoma, haya tardado en intervenir con todos los recursos necesarios, e incluso siga sin aportar todos los medios y profesionales adecuados para hacer frente a un cambio poblacional tan drástico.
Desde el punto de vista sanitario, llama la atención que el Ministerio de Sanidad que es el responsable, a través de INGESA, de la gestión de la Atención Primaria y Especializada de la ciudad autónoma, haya tardado en intervenir con todos los recursos necesarios, e incluso siga sin aportar todos los medios y profesionales adecuados para hacer frente a un cambio poblacional tan drástico. Desde el sector médico se afirma que no se ha contratado a un solo facultativo, y diversas fuentes afirman que la sanidad pública ceutí se mantiene gracias al sobreesfuerzo de su personal, haciendo doblajes y asumiendo mayores cargas de trabajo. Reflejo de estas carencias es que la primera visita de la Ministra de Sanidad se produjo a los 16 días del paso masivo de inmigrantes.
Durante esos primeros 20 días, todas las presiones, desde las autoridades de Ceuta y las de Marruecos a las de la UE, pasando por las de la extrema derecha mundial, por el PP y Vox y por una parte importante de la población española y de Ceuta, han ido en el sentido de relacionar, sin ninguna prueba ni lógica, el paso masivo de personas con las regularizaciones hechas recientemente por el gobierno de coalición.
Durante esos primeros 20 días, todas las presiones, desde las autoridades de Ceuta y las de Marruecos a las de la UE, pasando por las de la extrema derecha mundial, por el PP y Vox y por una parte importante de la población española y de Ceuta, han ido en el sentido de relacionar, sin ninguna prueba ni lógica, el paso masivo de personas con las regularizaciones hechas recientemente por el gobierno de coalición y de exigir la expulsión de todas las personas que atravesaron la frontera durante los días 30 y 31 de julio, independientemente de lo establecido por la legalidad vigente respecto a niñas y niños no acompañados y a peticionarios de asilo. Tales exigencias no tenían en cuenta en ningún momento que se trataba de personas necesitadas de ayuda; por el contrario, se les trató como a delincuentes comunes (por haber pasado fronteras de manera ilegal), como a personas que venían a alterar la paz y la convivencia o como meras marionetas al servicio de los intereses del régimen de Marruecos, más allá de que muy posiblemente haya podido existir una manipulación por parte de este.
Tanto Pedro Sánchez, como los ministros de más peso, no solo no hicieron frente durante esos días a las posiciones que despojaban a estos inmigrantes de cualquier humanidad o derecho, sino que las reforzaron. Las primeras declaraciones del Presidente sobre el problema, identificaron la huida de miles de personas de sus respectivos países, donde no ven ninguna garantía de futuro, con una “violación de la integridad territorial”, de la que quedaba excluido de cualquier responsabilidad el régimen marroquí. Como alguien ha escrito, se trataría de “la invasión de un ejercito en chanclas y bañador”. Los días siguientes hicieron hincapié en que todos los que habían entrado serían expulsados sin excepción; es decir, el gobierno hacía el mismo discurso que la derecha y la extrema derecha. Es fácil entender que con ese tipo de declaraciones gubernamentales, y más allá de los obstáculos interpuestos por el Presidente de Ceuta, no hubiese ninguna prisa por dotar de recursos para la acogida.
Esta tardanza en actuar por parte del gobierno indica su falta de sensibilidad para tratar a los llegados como seres humanos, y ha dado tiempo a que las tensiones de la ciudad se vayan haciendo cada vez más intensas y faciliten estallidos de violencia.
Esta tardanza en actuar por parte del gobierno indica su falta de sensibilidad para tratar a los llegados como seres humanos, y ha dado tiempo a que las tensiones de la ciudad se vayan haciendo cada vez más intensas y faciliten estallidos de violencia. Es decir, con su tardanza y falta de decisión el gobierno no solo ha asumido por momentos el discurso de la extrema derecha, también está permitiendo unas condiciones favorables a los llamamientos a la violencia por parte de Vox. Por si todo esto fuera poco el gobierno plantea modificaciones en la Ley de extranjería, que apuntan a reforzar los mecanismos de expulsión, en línea con las hipócritas decisiones de la UE sobre esta materia.
El Presidente de Ceuta no para de poner obstáculos al uso de locales donde dar acogida a los inmigrantes y PP y Vox a buscar soluciones en la Península. Llama la atención que quienes defienden tratar a estas personas necesitadas de ayuda como seres abyectos y peligrosos, no solo exhiban una falta de humanidad vergonzosa, sino también una hipocresía sin limites.
Por si esto fuese poco, el Presidente de Ceuta no para de poner obstáculos al uso de locales donde dar acogida a los inmigrantes y PP y Vox a buscar soluciones en la Península. Llama la atención que quienes defienden tratar a estas personas necesitadas de ayuda como seres abyectos y peligrosos, no solo exhiban una falta de humanidad vergonzosa, sino también una hipocresía sin limites, pues tanta insistencia en la seguridad se contradice con dejar abandonados y sin recursos a miles de personas desesperadas. La extrema derecha que es quien más insiste en la seguridad, procura privar de los más elementales medios de vida a los inmigrantes buscando un estallido de violencia por parte de estos, a la vez que incita a la población a ejercer la violencia contra los que han llegado: de hecho, sus viajes a la ciudad autónoma no han tenido otro sentido que tratar de dar pie a enfrentamientos entre unos y otros. En los últimos días, tal política racista ha empezado a prender entre una parte de los habitantes de Ceuta: persecuciones, que han afectado incluso a vecinos, intento de impedir que la Cruz Roja reparta comida en la playa del Trampolín y quemando las tiendas montadas en esta playa, acoso a las tiendas que venden a inmigrantes.
Por lo que respecta al PP, todo lo que hace y dice intentando ser más racistas que Vox, además de evidenciar su falta de política propia, solo consigue fortalecer a este partido. Todo lo que sucede en Ceuta está suponiendo una gran victoria estratégica para la extrema derecha y neofascista, española y europea.
Por lo que respecta al PP, todo lo que hace y dice intentando ser más racistas que Vox, además de evidenciar su falta de política propia, solo consigue fortalecer a este partido. Todo lo que sucede en Ceuta está suponiendo una gran victoria estratégica para la extrema derecha y neofascista, española y europea: han logrado poner en el centro del debate político el problema de la inmigración y que su discurso lo asuma la derecha y a veces hasta el propio PSOE; y, lo que es peor, que lo asuman amplios sectores de la población: equiparando inmigración con inseguridad y delincuencia. Su victoria no solo está consistiendo en que se generalice la idea de que inmigración es igual a violencia, delincuencia e invasión, sino que en consecuencia, las soluciones aceptables se muevan en la órbita del rechazo, las expulsiones y el incremento de barreras en las fronteras. También es un avance importante para ellos haber conseguido alinear a toda la extrema derecha y neofascista internacional y a la mayoría de las derechas contra el gobierno de coalición, y en concreto contra su política de regularización.
La extrema derecha está poniendo en evidencia su verdadera naturaleza: gentuza al servicio de los poderosos y ricos, empeñados en enfrentar a la gente trabajadora y pobre entre ellos, mientras que no ponen ninguna pega a la llegada de ricos extranjeros y de turistas, a las bajadas de impuestos para los más ricos, a las ganancias excesivas y a los recortes en los servicios públicos y en los derechos democráticos y de las mujeres.
La extrema derecha está poniendo en evidencia su verdadera naturaleza: gentuza al servicio de los poderosos y ricos, empeñados en enfrentar a la gente trabajadora y pobre entre ellos, mientras que no ponen ninguna pega a la llegada de ricos extranjeros y de turistas, a las bajadas de impuestos para los más ricos, a las ganancias excesivas y a los recortes en los servicios públicos y en los derechos democráticos y de las mujeres. Los llamamientos a la caza de los inmigrantes y que la población los expulse con sus propios medios han dejado muy clara su inhumanidad, y que el motor de su proyecto racista, sexista, negacionista y clasista sea la violencia. Los planes de la extrema derecha, de imponerse, no traerán paz y una supuesta armonía perdida, sino exclusión, odio, violencia, sufrimiento y muerte. Al mismo tiempo sus proclamas por defender la identidad “española” se van quedando sin base, cuando nos quieren imponer modelos de sociedad trumpistas. Esos son los socios del PP, que cada vez más le marcan la orientación de sus políticas y los miembros de un posible futuro gobierno de coalición.
Si no hubiese sido por los esfuerzos de las ONG y parte de la población ceutí, principalmente la musulmana, hoy en Ceuta habría una situación mucho peor. Es muy importante señalar que han sido estos grupos los que han llenado de humanidad la ciudad de Ceuta y han evitado sufrimientos y males mayores.
Hay que seguir exigiendo al gobierno que aporte los recursos y profesionales necesarios para que los inmigrantes de Ceuta sean tratados con dignidad y que castigue cualquier violencia xenófoba
La conmoción que supone que en dos días casi 80.000 personas entren en una ciudad rodeada por el mar y por una frontera, obliga a abrir un debate sobre qué hacer para volver a una situación de normalidad y evitar que esta situación se vuelva a repetir. Lo prioritario y urgente es dotar de los medios imprescindibles y tomar las medidas necesarias para que la acogida sea un hecho. Es decir, el gobierno central y el gobierno de Ceuta deben dotar a la ciudad de los profesionales, medios y recursos para que hasta la última persona que pasó en esos días a la ciudad quede con las necesidades cubiertas mientras la Administración decide su destino definitivo, así como hacer los traslados necesarios a la Península. Destino que en ningún caso podrá vulnerar la protección que la normativa establece sobre menores no acompañados y solicitantes de asilo. La mejor garantía para que estas condiciones se cumplan pasa por dar todo el apoyo a las ONGs y Asociaciones que están actuando sobre el terreno y exigiendo a las autoridades que cumplan con su obligación. Junto a esto hay que exigir que se haga un acto de condolencia pública por las 241 personas fallecidas.
Por esas circunstancias tan trágicas se debería hacer una regulación de todas las personas que han entrado en Ceuta, salvo a aquellas personas que tengan antecedentes por delitos comunes. Respecto a la violencia de extrema derecha, el gobierno debería actuar con contundencia, e investigar si en medio de estas circunstancias se están organizando grupos de escuadrístas neofascistas. Para avanzar en estas medidas es imprescindible la movilización social.
Es necesaria la construcción de un movimiento internacional para luchar por la libre circulación de las personas, por la igualdad y contra el cambio climático.
Los sucesos de Ceuta anuncian tiempos crueles, llenos de violencia entre las poblaciones pobres y trabajadoras, mientras las élites consiguen ganancias exorbitantes junto con instrumentos de poder nunca vistos. Para evitar el desastre es necesario desandar este camino e iniciar otro, que tenga al menos las siguientes características:
a) Instaurar la libre circulación de las personas, con medios y recursos que garantizasen la acogida y plenos derechos de las personas que llegan.
b) Comenzar a erradicar en lo posible las causas de las grandes migraciones que hacen muy difícil la vida en zonas cada vez más extensas del mundo: la extracción de riquezas y recursos por las multinacionales y las grandes potencias que agrandan las enormes desigualdades; luchar contra los efectos del cambio climático, y en lo posible contra las causas que lo aceleran. Luchar contra los gobiernos que permiten el saqueo, maltratan a las poblaciones e impiden su marcha a otros lugares y contra las potencias imperialistas, que se aprovechan de las riquezas y apoyan a dichos gobiernos política, financiera y militarmente.
Si los ricos son cada vez más ricos y los grandes negocios cada vez más prósperos; la riqueza mundial cada vez se concentra en menos manos y las guerras y las desgracias se extienden, no habrá muros que frenen las migraciones.
Hoy por hoy, los movimientos migratorios están formados mayoritariamente por personas cuyo único deseo es integrarse en las sociedades ricas, aunque sea en los lugares más bajos de la escala social. Son personas pacificas dispuestas a sortear cualquier obstáculo, incluso jugándose la vida. Las barreras con más dificultades para ser atravesadas solo traerán más muertes y más dolor. Y, en esas circunstancias, no se puede excluir que, además, la desesperación de los “condenados de la tierra” genere también su propia violencia a través de distintas modalidades.
Se nos dice que estos planteamientos son una utopía porque no existen los medios de vida ni los puestos de trabajo para todas las personas. Esta afirmación es falsa si se contempla la distribución de la riqueza a nivel mundial: el 1% más rico de la población posee el 50% de toda la riqueza del planeta; es decir, el 1% acapara tanta riqueza como el 99% (83 millones de superricos poseen la misma riqueza que 8217 millones). La mitad más pobre de los habitantes acumula menos del 2%. Desde el punto de vista territorial, entre América del Norte, Europa y China acumulan el 75,4% de la riqueza mundial (Europa el 22,9% y África el 1,3%; 180.275 dólares de media por adulto en Europa y 8.419 en África).
Estas cifras indican claramente dos cosas. Por un lado, que tales desigualdades van a ser el motor que haga imparables las migraciones, a lo que hay que añadir los desastres naturales causados por el cambio climático y las guerras. Y, por otro, que existe la riqueza necesaria para que el conjunto de la población mundial, cambiando el modelo de producción y consumo, podamos tener una vida digna.
Para avanzar por el camino de la reducción de las desigualdades (de clase, genero y etnia), de la lucha contra el cambio climático y de la libre circulación de las personas también es imprescindible la creación de un movimiento internacional.
La extrema derecha y el neofascismo están imponiendo su modelo, más allá de que gobiernen en unos países y en otros sean oposición, porque en los hechos son una internacional, con todas las particularidades que se quieran, y por más que se oculten tras el nacionalismo. Para avanzar por el camino de la reducción de las desigualdades (de clase, genero y etnia), de la lucha contra el cambio climático y de la libre circulación de las personas también es imprescindible la creación de un movimiento internacional. Es una tarea enorme, pero tal vez la única que evite el desastre al que nos dirigimos.
En todo caso, la lucha por ese movimiento internacional para triunfar ha de unirse a una pelea ideológica que ponga en el centro la dignidad de todas las personas y los medios para que dicha dignidad no sea una simple proclama.
Estas propuestas podrán ser más o menos acertadas, pero lo más importante es que tomemos conciencia que crisis climáticas, económicas, migratorias y sanitarias, así como las guerras, no son excepciones sino que cada vez se van a repetir más y con mayor virulencia mientras perviva el capitalismo, y que, por tanto, la única manera de que esto no se produzca es que cambiemos este modo de producción y consumo, que no es un modelo natural, sino histórico, fruto de decisiones humanas y, por tanto, puede ser modificable por otro más justo, más equitativo, más libre y acorde con la naturaleza.