Casa Orsola: Un ejemplo de lucha y victoria
Lucía García
Las dos fincas de la Casa Orsola fueron adquiridas en 2021 por un fondo buitre. Al mes siguiente de esta compra, notificaron a las y los inquilinos que debían abandonar sus pisos una vez finalizara sus contratos. El pasado 31 de enero, cientos de vecinas y vecinos consiguieron parar el desahucio de Vicent Torrent, vecino del inmueble que lleva décadas viviendo en ese piso. Este desalojo se pospuso al 4 de febrero, cuando nuevamente, gracias a la lucha, se volvió a parar el desahucio y se forzó a que el alcalde tomara la decisión de dar luz verde al Síndic de Greuges para que actuara de mediación y garantizará el derecho a la vivienda. En este momento el ayuntamiento de Barcelona adquirió la Casa Orsola para convertirla en pisos de alquiler sostenible. Aunque esto es fruto de la lucha de las vecinas, vecinos, sindicatos de vivienda y jóvenes, esa no es la solución. No podemos dejar las viviendas en manos de los especuladores. En momentos de crisis habitacional todas las casas deben ser destinadas a uso de vivienda habitual y los alquileres tienen que bajar. Tenemos que pelear por que los alquileres no puedan superar por ejemplo un 30% de la renta de las familias porque la vivienda no es un negocio.
Basta de especulación.
Hasta el año 2007 uno de cada cuatro jóvenes se iba de casa a los 30 años. Actualmente solo se emancipan uno de cada 6 jóvenes. En 2007 el 53% de estos jóvenes se iban como propietarios, cifra que ha bajado al 29%. El gasto familiar para pagar un alquiler asciende al 40% de nuestro salario, y como consecuencia se producen hacinamientos en infraviviendas (4500 en la cañada real sin luz ni agua). Además, según Save the Children el 32% de los niños que viven en esta situación tienen dificultades para estudiar debido a las condiciones habitacionales, y un 50% al no estar empadronados dificulta su escolarización. Además, la falta de vivienda adecuada deteriora el derecho a la salud, ya que el hacinamiento favorece la trasmisión de enfermedades.

En 2024 se han producido 20.000 desahucios, por lo que quien no puede pagar un alquiler vive con el estrés y la ansiedad de enfrentarse a un desahucio. Las medidas del Gobierno no han servido ni tan siquiera para paliar ligeramente este grave problema que afecta a miles de personas. Es obligatorio como sindicato hacernos eco de este problema social que afecta a tantos compañeros, y exigimos a los sindicatos mayoritarios a que rompan su pasividad y convoquen asambleas para unir la lucha de las trabajadoras por una vivienda digna.