Hospitales público-privados: Servicios externalizados y precarizados

Hospitales público-privados: Servicios externalizados y precarizados

El modelo de hospitales público-privados demuestra que el ahorro económico no siempre equivale a eficiencia. Con frecuencia, dicho ahorro se consigue a costa de la precarización del personal y del debilitamiento de servicios esenciales.de los hospitales.

Uno de los servicios más afectados es el de limpieza, cuya importancia quedó plenamente demostrada durante la pandemia de la COVID-19. En muchos hospitales, este servicio está gestionado por empresas privadas que reducen costes mediante plantillas insuficientes, salarios más bajos y una mayor carga de trabajo.

Constatado por estas empresas, nunca cubren el 100% de la plantilla, distribuyendo el trabajo de la persona que esta de baja entre la plantilla activa. Para comprender la magnitud del esfuerzo exigido, el personal de limpieza puede llegar a cubrir diariamente superficies equivalentes a una piscina olímpica. Se trata de una tarea físicamente muy exigente y absolutamente esencial para prevenir infecciones y garantizar la seguridad de pacientes y profesionales sanitarios.

La situación del personal de limpieza ha dejado de ser simplemente precaria para convertirse en un problema estructural grave, con consecuencias directas tanto para la salud de la plantilla como para la seguridad de los pacientes.
Las cargas de trabajo son inasumibles y los tiempos asignados hacen imposible cumplir con unos mínimos estándares de limpieza e higienización. No hablamos de mejorar el servicio, hablamos de que, en las condiciones actuales, ni siquiera se puede garantizar lo básico. Esto supone un riesgo evidente dentro de un entorno sanitario, donde la limpieza no es un complemento, sino una barrera esencial frente a infecciones.
A esta realidad se suma una falta constante de materiales. El personal no solo trabaja con prisas, sino también sin las herramientas necesarias. Se les exige responsabilidad sobre la seguridad, mientras se les niegan los medios para ejercerla. Esta contradicción genera una presión diaria que está llevando a la plantilla al límite.
El impacto en la salud laboral es ya innegable. Estrés continuo, desgaste físico y mental, ansiedad y una sensación permanente de no poder hacer bien el trabajo. Se trabaja en modo supervivencia, acumulando jornada tras jornada una carga que no deja margen de recuperación.

El clima laboral refleja esta situación: rostros agotados, desmotivación generalizada y una rotación que afecta especialmente a las nuevas incorporaciones, que en cuestión de meses ya muestran signos claros de deterioro. Lo que debería ser una adaptación progresiva al puesto se ha convertido en una caída acelerada hacia el desgaste.
No es una situación puntual ni aislada. Es un modelo que está empujando a la plantilla a un límite peligroso, normalizando condiciones que afectan gravemente a la salud de quienes sostienen el servicio y poniendo en cuestión la seguridad del propio sistema sanitario.

Las trabajadoras/es de limpieza del Hospital Universitario Infanta Leonor, ejemplo de autoorganización y lucha

Un ejemplo reciente de autoorganización y lucha es el de las trabajadoras y trabajadores de limpieza del Hospital Universitario Infanta Leonor, que durante tres semanas se movilizaron para denunciar su situación:
“Las trabajadoras y trabajadores de limpieza del Hospital Universitario Infanta Leonor llevamos años sosteniendo el servicio pese a un aumento constante de la actividad sin el refuerzo necesario de plantilla.

Las empresas han recortado de forma sistemática: no cubren bajas ni jubilaciones y sustituyen empleos estables por jornadas parciales, reduciendo horas reales de limpieza. Esta precarización no solo nos sobrecarga, también pone en riesgo la calidad del servicio y la salud de toda la comunidad hospitalaria. Frente a esta situación, no nos resignamos: nos organizamos, denunciamos y exigimos soluciones reales. Reclamamos una plantilla suficiente, la cobertura total de ausencias y condiciones dignas que garanticen un servicio seguro.

Este documento es una llamada a la implicación colectiva: solo con apoyo y organización podremos revertir años de recortes y abandono.”

LABORATORIO DE PRUEBAS DIAGNÓSTICAS: UN PELIGROSO PRECEDENTE

Health Diagnostic S.L.U. (Quirón Salud) ha ganado la licitación que afecta a los laboratorios de pruebas diagnósticas de los hospitales Infanta Sofía, Infanta Leonor, Infanta Cristina, Sureste, Henares y Hospital del Tajo. Quirón salud pretende la no subrogación de los 249 trabajadores de estos laboratorios.

Este proceso no solo pone en riesgo el empleo de estas personas, sino que refuerza un modelo basado en priorizar criterios económicos frente a la estabilidad laboral y la calidad asistencial.
Los datos de organización de personal reflejan la magnitud del servicio afectado: en jornada ordinaria se contabilizan más de 120 Técnicos Especialistas de Laboratorio (TEL) y más de 40 facultativos (FEA) distribuidos entre distintos centros y turnos, con especial concentración en el laboratorio central, que asume la mayor carga asistencial.
En turnos de fines de semana y festivos, el dispositivo sigue siendo amplio, con decenas de profesionales por turno (hasta 47 TEL en total) para garantizar la continuidad del servicio.
Esta estructura evidencia que se trata de un servicio esencial, altamente dimensionado y crítico para el funcionamiento del sistema sanitario. Por ello, la no subrogación de los trabajadores no solo compromete el empleo de cientos de estos, sino que también puede afectar a la organización, la sobrecarga de trabajo y,en última instancia, a la calidad diagnóstica y asistencial ofrecida a los pacientes.

TIGAS: otro caso especialmente significativo de precarización

Considerados una “marca blanca” de los celadores. Aunque desempeñan prácticamente las mismas funciones y asumen responsabilidades similares, sus condiciones laborales son notablemente peores: trabajan alrededor de 150 horas más al año y perciben aproximadamente 300 euros menos al mes.

Esta situación pone de manifiesto una clara desigualdad laboral dentro del propio sistema sanitario.

A ello se suma que, además, asumen tareas que no les corresponden, como la colocación de muestras bioquímicas de pacientes en el departamento de anatomía patologica —cristales, bloques o macrobloques—, fundamentales para el diagnóstico médico.
Esta labor implica una alta responsabilidad, ya que cualquier error puede afectar directamente al resultado diagnóstico, sin que cuenten con la formación específica necesaria para realizarla, lo que agrava aún más la situación de precariedad y riesgo laboral.

Si la sanidad debe garantizar el derecho a la salud, resulta imprescindible que la gestión priorice la calidad asistencial, la equidad y el reconocimiento de quienes sostienen el funcionamiento diario

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