¿Que tienen en común el actor Eduard Fernandez, Premio Nacional de Cinematografía, y el MATS?
Esta pregunta, que podía ser el inicio de un acertijo, tiene una respuesta muy sencilla. El actor Eduard Fernández protagonizó la película “El 47”, dirigida por Marcel Barrena, que narra una experiencia de sindicalismo social, que es el modelo de acción sindical que propugnamos desde el Mats.
En esta película, Eduard Fernández, encarna un personaje real, Manolo Vital, que en el año 1958 se ve obligado, junto con otros emigrados extremeños y andaluces, a construirse en una acción colectiva unas chabolas durante las noches en la periferia de la periferia de Barcelona (en Torre Baró). A lo largo de dos décadas, a través de lucha y el trabajo en común van haciendo algo parecido a un barrio, al que sin embargo le faltan servicios esenciales, como el acceso para emergencias y el transporte público. Paralelamente a esta lucha por el acceso a una vivienda digna y a unos servicios básicos, la película muestra la lucha de los trabajadores de la empresa municipal de autobuses, donde trabajaba Manolo Vital, por mejores salarios y plantillas adecuadas.
Las mejoras para la clase trabajadora han venido de la lucha colectiva y unida por mejorar las condiciones de trabajo y de vida
Así, a lo largo de casi dos horas de película queda claramente descrita la indestructible unidad que existe entre la lucha de las y los trabajadores por mejorar las condiciones de trabajo y la lucha por unas condiciones de vida dignas. Y esa es justamente la esencia del sindicalismo social: es la lucha contra la explotación y la opresión; es la exigencia de que la riqueza social (bienes, servicios y cuidados) creada por el trabajo revierta, a través de su disfrute, uso y gestión, en quienes la crean y la necesitan y no les sea arrebatada por aquellos que no han participado en su producción.
Las mejoras para la clase trabajadora han venido de la lucha colectiva y unida por mejorar las condiciones de trabajo (jornada, salud laboral, salarios…) y de vida (vivienda, educación, sanidad, pensiones, transporte…). Es decir, esas mejoras han venido a través de la práctica del sindicalismo social que no distingue entre la lucha dentro y fuera del centro del trabajo y entre unas categorías y otras, como se empeñan en hacer las distintas variaciones del sindicalismo corporativo. El predominio del sindicalismo corporativo, en todas sus variantes, que compartimenta, separa y divide las luchas está en la base de tantos retrocesos y perdidas. Hasta el punto de que al ver en “El 47” la descripción de las dificultades para tener unas condiciones laborales y una vivienda dignas nos recuerden al momento actual; en el cual, tras años de sindicalismo corporativo, estrecho y sumiso estamos desandando lo que en los 70 se anduvo con un sindicalismo social combativo.
J. C.