Sin atención primaria, no hay salud

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(Redacción)

En estos días, todo el mundo, sin excepción e incluidos los partidos políticos, defienden la Atención Primaria (AP). Pero, en la práctica, nada está más lejos de la verdad.

Si algo se considera importante en la vida, en la política o en lo que sea, se le da prioridad, tiene un reconocimiento y no se le niega el “pan y la sal”, como en la práctica se ha hecho con la AP en la política sanitaria. Esto es lo que ha pasado en las últimas décadas con Primaria.

La AP surgió a contracorriente de las ideas que se extendían en los años 70 para dar una salida a la crisis capitalista de bajas tasas de beneficios. Fue impulsada desde la Conferencia de Alma Ata (1978) que reconoció “la grave desigualdad existente en el estado de salud de la población, especialmente entre los países en desarrollo y los desarrollados, así como dentro de cada país, es política, social y económicamente inaceptable y, por tanto, motivo de preocupación común para todos los países […] El pueblo tiene el derecho y el deber de participar individual y colectivamente en la planificación y aplicación de su atención de salud […] La atención primaria forma parte integrante tanto del sistema nacional de salud, del que constituye la función central y el núcleo principal, como del desarrollo social y económico global de la comunidad”(1).

 

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«El pueblo tiene el derecho y el deber de participar individual y colectivamente en la planificación y aplicación de su atención de salud […] La atención primaria forma parte integrante tanto del sistema nacional de salud, del que constituye la función central y el núcleo principal, como del desarrollo social y económico global de la comunidad»

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La síntesis de sus intenciones se expresa en la Declaración de Almá-Atá , subrayando la importancia de la atención primaria de salud como estrategia para alcanzar un mejor nivel de salud de los pueblos. Su lema fue «Salud para todos en el año 2000».

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En el Estado español se impulsó la AP con la reforma que sufrieron los ambulatorios a lo largo de los años ochenta. Se construyeron Centros de Salud y se formaron los equipos de profesionales que trabajarían en ellos: personal médico, de enfermería, administrativo, trabajador@s sociales, odontólog@s, etc. Cuando la Ley General de Sanidad se aprobó en 1986 y se configuró el Sistema Nacional de Salud, se incluyó la AP como eje central.

El impulso de las primeras décadas de desarrollo de la AP se llevó a cabo, sobre todo, por el entusiasmo de los y las profesionales de la nueva especialidad de Medicina de Familia y Comunitaria, aunque pronto comenzó a ser relegada como algo subsidiario del hospital. Las especialidades y superespecialidades médicas hospitalarias, la medicalización de la vida y la ilusión por la tecnología, estaban en auge. Por otra parte, se necesitaban años para comprobar cómo el trabajo que se desarrollaba desde los Centros de Salud iba realmente a mejorar la salud de la población, algo que, sin embargo, con el tiempo se ha cumplido.

Han pasado más de 30 años y, al parecer, la batalla la ha ganado el hospital… La orientación mercantilista de las políticas sanitarias en las últimas décadas así lo atestigua, haciendo del Servicio Madrileño de Salud un sector con oportunidades para el negocio de la salud y convirtiendo a esta última en una mercancía. Así las cosas, los hospitales son los que, en definitiva, reunían mejores condiciones para convertirse en negocio, pues contaban con la alta tecnología, un importante consumo de fármacos y mayor investigación, por lo que se convirtieron en el elemento principal en las privatizaciones desde los noventa. En este negocio de la salud la AP, frente a los centros hospitalarios, no resultaba rentable.

… Así fue deteriorándose la Atención Primaria

Los gobiernos del PP nunca apostaron por la AP y buena prueba de ello es la inversión que se ha realizado. Si se analizan los presupuestos consolidados – el gasto real – que la Consejería de Sanidad dedica a la AP respecto del total de la inversión en sanidad, podemos observar cómo se ha ido recortando la inversión en la última década1. Hay que tener en cuenta que el gasto medio de las CCAA en AP ha sido de un 14,8 % en el año 2019.

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Gasto de medio de las Comunidades Autónomas (millones de euros)

Año20062007200820092010201120122013201420152016201720182019
Gasto real en AP7488709219649339189148798718979159459631005
Porcentaje sobre el gasto total(%)12,212,812,41212,710,911,911,911,711,311,611,611,511,2
Fuente Ministerio de Sanidad. Estadísticas de Gasto Sanitario Público. 2019. [/et_pb_code][/et_pb_column][/et_pb_row][/et_pb_section][et_pb_section fb_built=»1″ _builder_version=»4.9.0″ _module_preset=»default» custom_margin=»-56px||||false|false»][et_pb_row column_structure=»1_2,1_6,1_6,1_6″ _builder_version=»4.9.0″ _module_preset=»default»][et_pb_column type=»1_2″ _builder_version=»4.9.0″ _module_preset=»default»][et_pb_text _builder_version=»4.9.0″ _module_preset=»default» custom_margin=»18px||||false|false» custom_padding=»||2px|||»]

Esta escasez presupuestaria ha dado como resultado una falta endémica de personal, liderando así Madrid las peores ratios de número de tarjetas sanitarias que atiende cada profesional. De esta forma, si la media de tarjetas por Médic@s de Familia en España es de 1.342, en la CM es de 1.558; si la media de tarjetas en Pediatría es de 980, en la CM es de 1.125; si las tarjetas asignadas a enfermería es de 1.485 de media, en la CM las enfermeras soportan 2.016 tarjetas. El personal auxiliar administrativo, como media, tiene 2.779 tarjetas, pero en la CM ascienden a 3.414 tarjetas.  Igualmente, la CM está entre las últimas en personal de apoyo como fisioterapeutas, odontólog@s o trabajador@s sociales.

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No han corrido mejor suerte unas infraestructuras que se encuentran deterioradas por falta de mantenimiento o reformas y en espera de la construcción de los Centros de Salud (CS) comprometidos desde hace varias legislaturas.

Esta situación de escasez de medios y profesionales origina demoras de más de una semana para obtener citas con los y las profesionales de referencia. También ha ido disminuyendo el tiempo que se dedica a la ciudadanía, creciendo la frustración y el hartazgo de todo el personal por las malas condiciones y el maltrato que soportan. Ante esto, a finales de 2018, la Consejería de Sanidad hizo una propuesta para paliar la falta de plantillas de estos Centros, con la que “caldeó” aún más el hastío de las y los trabajadores que, al igual que la ciudadanía, lo sintió como una provocación, pues la salida que los responsables sanitarios habían acordado era el cierre desde las 18 h de algunos Centros de Salud que tuvieran falta de profesionales médicos, lo que provocó numerosas movilizaciones.

La falta de personal, la demora en obtener una cita, la falta de atención presencial, el estado de unas infraestructuras que llevan a tener que esperar en la calle, unido a la extensión actual de consultas telefónicas en detrimento de la actividad presencial, ha hecho crecer la contratación de seguros médicos privados. Estos, precisamente, especifican que mejoran la accesibilidad de la población a la asistencia sanitaria. Un gasto sanitario privado que ha crecido desde 2009, cuando representaba un 24,6 %, hasta el 29,5 % del total del gasto sanitario actual.

España, junto a Portugal y Suiza, es de los países que más gasto privado tiene en salud: la media de la OCDE es del 23,1 euros (2019), pero en la CM el gasto sanitario privado per cápita es de 689 euros, sólo superado por el País Vasco (753 euros) y Catalunya (734 euros). Mientras otros seguros se resintieron en el año 2020, las pólizas de seguros médicos crecieron un 4,9% entre enero y septiembre, lo que denota muy a las claras que el deterioro de la sanidad pública y, en especial de la AP, impulsa a las personas que pueden permitírselo a suscribir un seguro privado. Esta idea, paulatinamente, se está instalando entre la ciudadanía con más renta, incrementando así las desigualdades en salud, terreno en el que la CM es campeona.

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23,1 euros per cápita

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689 euros per cápita

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Y en esto llegó la pandemia

Cuando hace un año estalló la pandemia, el estado de la AP era de un deterioro importante; deterioro que ha ido unido al histórico maltrato del personal. Sin embargo, todas las personas de los equipos de AP lo dieron todo, organizándose de manera ejemplar, para poder atender a los enfermos contagiados de COVID-19 y poder hacer seguimiento de los brotes, no abandonando al resto de población que requería de una continuidad asistencial. El esfuerzo fue inmenso, pagando por ello con una elevada tasa de contagios e, incluso, con la muerte.

Ningún informe de la OMS. Ningún informe de personas expertas en salud pública o administración sanitaria. Nada fue suficiente para convencer a la Consejería de Sanidad de la necesidad de fortalecer la AP para poder frenar la extensión de la pandemia. Y sus responsables mintieron en diferentes ocasiones comentando los contratos de refuerzos para AP, de rastreadores, de salubristas, etc. No se han incrementado las plantillas, no se han realizado cambios para mejorar la situación, solo propaganda continuada para que parezca que se hace algo.

Lo más imaginativo que se les ocurrió fue abrir una carpa, que en la primera ola llamaron hospital de IFEMA. Y en la tercera inauguraron un hangar, el Hospital Zendal. Para que pudieran funcionar ambos, se desplazó personal de AP. ¡Como si sobrasen profesionales! Por eso, desde marzo de 2020 tuvieron que cerrar numerosos Centros de Salud y los 37 Servicios de Urgencia de AP, permaneciendo cerrados hasta la fecha. Esto no sólo perjudica a la ciudadanía (escasa atención presencial, interrupción de la continuidad asistencial, promoción y atención comunitaria) sino que está incrementando innecesariamente las urgencias hospitalarias.

En los últimos meses, cuando urge una vacunación ágil, el desastre se ha vuelto a repetir. Muchas han sido las quejas de la presidenta porque no llegan a la CM las vacunas, pero no se ha realizado un plan de vacunación para poner puntualmente las que sí han llegado. Como no existe plan, no se ha contado con el recurso más idóneo con el que ya está en funcionamiento: los 262 Centros de Salud de la región y sus profesionales de enfermería, con capacidad y experiencia sobradas gracias a los continuos programas de vacunación que llevan cotidianamente. 

Por todo ello, cuando dentro de unas semanas vayamos a votar, tenemos que pensar lo que realmente nos jugamos: queremos una Atención Primaria fuerte que no excluya a nadie, con profesionales y recursos suficientes para atender a toda la población; una atención orientada a los determinantes ecosociales de la salud, que mitiguen las desigualdades. Para conseguir esto es necesario nuestra movilización y recordar: ¿quién ha desmantelado la Atención Primaria?, ¿quién ha cerrado los Centros de Salud?, ¿quién ha recortado los horarios por la tarde?, ¿quién ha recortado las plantillas? Porque si vuelve a gobernar el PP, y le ayuda la extrema derecha a conseguirlo, la libertad que pregonan será que la libertad de las rentas más altas de elegir un seguro de sanidad privado.

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