Manifiesto por el derecho a la vivienda: no al desahucio de Paca Blanco. Firmas de apoyo
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Una vez más nos enfrentamos a un desahucio. No es el primero, pero debería ser el último.
Nuestra compañera Paca Blanco es la cara visible de esta práctica descarnada que despoja a muchas personas –hoy le toca a ella– de un derecho esencial: una vivienda digna.
Ciudades como Madrid se han convertido en centrifugadoras que expulsan a las personas a través de procesos de gentrificación, turistificación y conversión de la propia ciudad, hasta su último rincón. El mercado de la vivienda se constituye en uno de los elementos de generación de riqueza y desigualdad más importantes, dejando el valor social de la vivienda en una caricatura.
El uso financiero de la vivienda es una lucha de clases porque constituye un mercado en el que los grandes capitalistas generan beneficios extremos, las clases medias copan parte del pastel acumulando inversiones mientras las clases populares se ven expulsadas.
La ley no protege a los sectores que realmente lo necesitan, tampoco las medidas paliativas como los decretos de escudo social: el caso de Paca forma parte de la mayoría de desahucios judiciales (tres de cada cuatro), que no se están viendo detenidos por estas medidas. La vivienda social es insuficiente y la construcción de vivienda protegida, en muchos casos, solo ha sido una forma de garantizar el negocio de venta de vivienda para las clases medias.
Ante esto, los movimientos de vivienda han desempeñado un papel central en la lucha por mantener y recuperar este derecho esencial. La histórica ecologista Paca Blanco llega a estos movimientos de lucha por la vivienda hace más de 10 años. Hasta ese momento, su papel contra las centrales nucleares, contra las falacias de las grandes corporaciones energéticas, contra el desastre medioambiental que representa el resort de lujo Marina Isla Valdecañas, sus reivindicaciones feministas, su militancia política y su activismo en defensa del territorio y la naturaleza la habían llevado a enfrentarse, en no pocas ocasiones con graves consecuencias personales, con los poderes fácticos.
Paca es una de las miles de historias de precariedad: una mujer que ha trabajado toda su vida, se ha entregado a luchas ecologistas y sociales y ha sacado adelante a cinco hijos. Una mujer con una actividad social de primer nivel y que tiene el reconocimiento de sus compañeras en Madrid, en Extremadura y en todo el Estado español.
Paca sufrió el internamiento en el Patronato de la Mujer del franquismo, donde miles de niñas y mujeres fueron encarceladas y torturadas sin proceso ni defensa, donde se robaron niños y se intentó disciplinar a las mujeres de las clases más desfavorecidas.
Paca no se dejó disciplinar, pero hereda la persecución a la que toda su clase ha sido sometida: precarización laboral, dificultades económicas y carencia de vivienda. No es la primera vez: Paca ya fue expulsada de una vivienda que había comprado en El Gordo, Extremadura, cuando era coordinadora de Ecologistas en Acción en ese territorio y lideraba la campaña contra el resort de lujo Marina de Valdecañas. Ello le costó la persecución política y la agresión de los sectores más reaccionarios, que la amenazaron e intentaron quemar su vivienda.
Desde entonces, Paca vive en una vivienda de la EMVS que le habían adjudicado a su hijo. Ella lleva años tratando de subrogarse en el contrato y hacer frente al pago de la renta mensual sin que el Ayuntamiento de Madrid y en concreto la EMVS se lo haya permitido, en la línea por desgracia habitual que afecta a centenares de casos más de precaristas en viviendas municipales madrileñas. Ahora quieren desahuciar a Paca. Otra vez las instituciones intentan doblegarla, arrebatándole su hogar y empujándola a la calle o a un nuevo internamiento en una institución para mayores.
Paca representa a los colectivos de vivienda, al ecologismo, a la lucha antinuclear y a la lucha política.
Paca lleva toda su vida defendiendo lo que es de todas. Ahora, esos mismos colectivos y luchas junto al resto de firmantes de este manifiesto, exigimos que se reconozca su derecho, y con ella el de toda la clase trabajadora, a una vivienda digna, con un alquiler social adecuado a sus ingresos, y a una vida decente para todas las personas.
Paca somos todas.