Fue una victoria incompleta

A DIEZ AÑOS DE UNA SENTENCIA HISTÓRICA EN LA SANIDAD MADRILEÑA

La sanidad pública es un tema que importa a sectores muy amplios de la sociedad madrileña. Para las clases trabajadoras es cuestión de vida o muerte. El sistema público de salud es una gran conquista del movimiento obrero. Ello se plasmó en la Ley General de Sanidad 14/1986 del 25 de abril, que pese a sus deficiencias fue un punto de partida.

Durante los últimos veinte años el Partido Popular y sus fracciones más neoliberales han colocado la sanidad en el centro de sus políticas. Una situación que se profundizó tras el estallido de la burbuja inmobiliaria con la recesión mundial del 2008. Sectores muy importantes del empresariado madrileño y grandes grupos de inversión internacionales, estimulados por las políticas del PP, encontraron una solución a la caída de sus ganancias mediante inversiones más ventajosas y seguras en el sector sanitario. Algunas de ellas fueron las privatizaciones de servicios u hospitales, pero no la única. En realidad, lo que hizo el neoliberalismo triunfante fue convertir una parte del SERMAS [Servicio Madrileño de Salud] en un negocio, en lugar de un mecanismo al servicio de la salud de la población.

Este fue su leitmotiv económico, pero su impacto social fue y está siendo demoledor.  El desmantelamiento y la destrucción de los servicios públicos sanitarios afecta a todo, pero muy particularmente hoy a la Atención Primaria. Si esta ofensiva no la detenemos, en unos años, la distancia entre la población del sur y sureste de la capital con relación al oeste y norte aumentará. La población infantil de los barrios obreros con relación a los barrios de rentas más altas será similar a lo que ya sucede en sociedades con sistemas de salud deficitarios como en EE UU. La especialidad pediátrica está desapareciendo de los barrios obreros madrileños y la carencia de medios y personal en otras especialidades llevará a algunos centros a cerrar por las tardes.

El neoliberalismo madrileño en su actual versión trumpista arremete contra todo espacio de igualdad social y solidaridad. Lo hace bajo el lema de la libertad, pero es pura ideología reaccionaria. La libertad neoliberal es desigualdad y privilegio de clase. La libertad de contratar seguros médicos con Adeslas o Sanitas; la libertad de elegir entre un colegio público o privado; la libertad de poner o no poner la calefacción cuando las temperaturas bajan de cero grados; la libertad individual frente a la salud pública en tiempos de confinamientos y mascarillas, etc, etc.

No podemos perder de vista esta batalla que es tanto social y política como profundamente ideológica. Si queremos ganar, no solo en las calles, sino también en el resto de la sociedad y en las urnas, hay que convencer a una mayoría social de que los paradigmas de las derechas conducen a la desigualdad y no a la libertad, a gobiernos elitistas por antisociales y autoritarios.

Estamos ante una situación muy compleja. No hay soluciones sencillas a la vista. El presente artículo es un intento de recobrar la memoria reciente y, sobre todo, de abrir caminos de debate y reflexión.

I- La paralización judicial fue el resultado de una histórica movilización social y laboral
El 9 de enero de 2014 el Tribunal Superior de Justicia de Madrid a través de la Sala Tercera del contencioso administrativo, congeló la privatización de la gestión de seis hospitales en Madrid: Hospital Universitario Infanta Leonor, Santa Sofía, Infanta Cristina, del Henares, del Sureste y del Tajo. Así mismo, también paralizó el intento de privatizar la gestión de 27 centros de salud. Otras medidas del Plan de Ordenación de Recursos Humanos del SERMAS lograron implementarse, como la que afectaba al Hospital Carlos III. Al contrario de lo que pasó con el Hospital de La Princesa que no llegó a convertirse en un centro de especialidades geriátricas como pretendía dicho plan.

En el auto del TSJM se decía:  

Acuerda desestimar un recurso de reposición presentado por la CAM y las empresas adjudicatarias contra el auto del 11 de septiembre de 2013, por el que la misma sección, a petición de la asociación médica AFEM, acordó paralizar la ejecución de la resolución.

El TSJM afirmaba que sin entrar a valorar el nuevo modelo sanitario:

Esta sala procede a acceder a la medida cautelar de suspensión, lo que solo supone mantener la situación existente hasta la fecha y que la prestación sanitaria se siga prestando provisionalmente en la misma forma en la que se hace
(Nueva Tribuna, 27/01/2014)

Para el gobierno de Ignacio González fue un mazazo extraordinario, hasta tal punto que provocó la dimisión del consejero de Sanidad, Fernández Lasquetty. Para la sanidad pública madrileña y la Marea Blanca fue un triunfo después de catorce meses de lucha.

La Marea Blanca ( 1 de noviembre de 2012 al 9 de enero de 2014) se movió en dos contextos antagónicos. Por un lado los planes de ajustes extensivos a toda la UE, pero en particular a España y Grecia; y por otro, la gran respuesta social que provocaron esas medidas: la lucha en contra de los desahucios, el nacimiento del 15M y, posteriormente, las Mareas y las Marchas por la Dignidad.

El anuncio del Plan de Ordenación de Recursos Humanos del SERMAS el 31 de octubre de 2012, con las privatizaciones y el desmantelamiento de La Princesa, fue contestado por las trabajadoras y trabajadores con manifestaciones en la calle y encierros espontáneos que sobrepasaron a los mismos sindicatos del sector. Estos encierros, como sucedió en las plazas con el movimiento 15M, se convirtieron en asambleas en las que, en gran medida, se debatía y se decidía los pasos a dar en la lucha y estaban dotadas de una gran carga democrática. Trabajadoras y trabajadores no sentían que venía gente ajena a decirles lo que tenían que hacer, sino que se veían dueños de sus destinos. Además, estas asambleas, que en cada hospital tuvieron su propio desarrollo y dinámica, se organizaron y se coordinaron a través de representantes elegidas. Así nació Patusalud que fue una plataforma de hospitales y personas usuarias, unidas durante semanas y meses.

Fue un proceso de autoorganización  y de participación de trabajadoras y trabajadores que no se había vivido durante décadas en la Comunidad de Madrid. Eso dio profundidad y transversalidad al movimiento. La Marea Blanca nació así, por el simbolismo de miles y miles de batas blancas saliendo de los hospitales y tomando las calles. Hizo que otros sectores (que en otros contextos eran reacios a luchar), participaran en este movimiento como algo propio. En cierto sentido, se superó la experiencia de la Marea Verde (educación) que ya se había movilizado en Madrid en otoño de 2011.

La Marea Blanca protagonizó una de las luchas más largas y con mayor impacto político y social. Entre otras muchas cosas porque se saldó con el primer triunfo tras años y años de derrotas.  El conflicto duró catorce meses y en él se pusieron en práctica (como dijimos anteriormente), formas de democracia directa y autoorganización (asambleas, grandes marchas, recogida de firmas, cadenas humanas, huelgas laborales y de hambre, escraches, performance e incluso una gran consulta popular en la que participamos un millón de madrileñas y madrileños y 20.000 voluntarias y voluntarios.

El éxito de la Marea Blanca se gestó en nuestros centros de trabajo y en las calles, aunque el protagonismo fuera de los jueces. Sin duda se trató de un hito histórico pero fue una victoria incompleta.

II- ¿Qué falló?
La mayor debilidad de la Marea Blanca no se dió en las movilizaciones que se prolongaron hasta el límite. La gran debilidad fue política.

En aquellos momentos la izquierda política no existía. El PSOE había contribuido en el último gobierno de Zapatero a poner en marcha los planes de ajustes. Podemos se fundó unos meses más tarde (aunque el acto de presentación fuera el 17 de enero de 2014 en el Teatro del Barrio de Lavapiés).

El mayor error político fue cómo se presentó la izquierda en las elecciones autonómicas del 2015. La división entre IU-LV y Podemos regaló la presidencia por cuatro años más al PP (con el apoyo de Cs). IU-LV no entró a la Asamblea de Madrid por un 0,79 %. Sus 132 207 votos no sirvieron para nada. Si IU-LV hubiera sacado un diputado más o se hubiera presentado con Podemos (591 697 votos y 27 diputadas y diputados), se hubiera constituido el primer gobierno de la izquierda en la CAM desde los tiempos del tamayazo.  Fue ese gravísimo error político el que permitió al PP seguir cuatro años más. Hasta el día de hoy.

Lo que el PP había perdido en las calles y tribunales, lo empezó a ganar con el nuevo gobierno de Cristina Cifuentes. El PP cambió de estrategia. Eludió la confrontación total y pasó a un plan de más bajo perfil, pero muy efectivo. Se olvidó de las grandes privatizaciones traumáticas y optó por una política de desgaste. El desmantelamiento de lo público se llevó a cabo mediante la transferencia de más recursos públicos (dinero, servicios y clientes) a los hospitales privados o de gestión privada. Sin duda, el caso más emblemático en Madrid ha sido la Fundación Jiménez Díaz. Un hospital del grupo Fresenius Medical Care AG (multinacional alemana) que recibe fondos públicos para atender a una población de 450 000 personas en una de las mejores zonas de la ciudad. Fresenius es como un parásito para la sanidad pública, poco a poco se va comiendo a uno de los más prestigiosos hospitales públicos madrileños como es el Hospital Universitario Clínico San Carlos que ha reducido sus camas en casi un cincuenta por ciento.

La pandemia del coronavirus (2020-2022) fue otro golpe decisivo. No solo se incumplieron todas las normas éticas y morales con las vidas de las personas mayores en las Residencias públicas, sino que se aprovechó la pandemia para desmantelar la Atención Primaria. Hoy, más de un 30 % de madrileñas y madrileños tienen un seguro médico con Adeslas, Sanitas u otras compañías similares. Sin embargo hay sectores muy importantes de la población, por ejemplo las pensionistas con pensiones bajas o las familias obreras numerosas, que no pueden pagar un seguro médico o que sus perfiles pluripatológicos no son admitidos por las empresas sanitarias privadas. A ellas no les interesa la atención humanizada ni la calidad asistencial, sino los beneficios.

La victoria que se logró entre el 2012 y 2014 se ha ido diluyendo. El PP está revirtiendo la situación. Desde el punto de vista político nunca se ha sentido más fuerte. A todo ello hay que sumarle otros factores políticos de índole no solo provincial. La izquierda política en cambio se encuentra en crisis y desorientada.

III- ¿Por dónde avanzar?
Hoy día, la relación de fuerzas es desfavorable para las fuerzas sociales, políticas y sindicales que defendemos un modelo público universal y de calidad. El contexto internacional y estatal (pese a que el PP y VOX no están en el gobierno), está marcado por un giro a la derecha. Más aún, un giro en clave reaccionaria donde la juventud está desorientada y sectores de las clases trabajadoras apoyan a partidos de extrema derecha o de derechas. Incluso en barrios obreros del sur y sureste de la capital, donde la sanidad pública se está deteriorando, el PP salió ganador en las últimas elecciones.

La sensación que tenemos es que las movilizaciones por sí solas no bastan. Las últimas que se hicieron en Madrid en defensa de la Atención Primaria entre octubre de 2022 y febrero de 2023 con la participación de cientos de miles de personas, no provocaron un desgaste cualitativo en el gobierno de Isabel Diaz Ayuso. Seguramente porque las derechas han logrado desactivar la emergencia sanitaria mediante otras políticas como los discursos sobre el sanchismo o el peligro de los separatismos en Catalunya y Euskadi.

Ello ha llevado a un proceso de mayor polarización y radicalización política de la pequeña burguesía y de las clases medias que hace mucho más complicado que se incorporen a las movilizaciones sociales en defensa de la sanidad pública. También porque el empresariado y las clases medias acomodadas reciben en Madrid un tratamiento fiscal beneficioso y unas ofertas de negocios más ventajosos que en otras comunidades. La hegemonía política de las derechas en Madrid se ha ido reforzando con los errores sistemáticos de la izquierda (como el ya mencionado en el 2015, los procesos de autodestrucción de Podemos y la irrelevancia política del PSOE en la capital).

En nuestra opinión estamos en una etapa defensiva donde debemos combinar las acciones sindicales con la acción política y social e ideológica (la salud como derecho universal y humano y como resultado de unas condiciones de vida dignas y en equilibrio con la naturaleza). Se trata de permanecer y fortalecer los movimientos sociales como hemos venido haciendo en las plataformas de vecinas y vecinos en defensa de la sanidad pública; de fortalecer entre las y los profesionales la convicción de defender la sanidad pública como condición de mejora de sus condiciones laborales y de dignificación de la profesión (la Marea Blanca demostró la importancia de la implicación de este sector). Siendo conscientes que no siempre podremos organizar grandes manifestaciones o consultas ciudadanas, sino pequeñas acciones y contribuir a crear más tejido organizativo.

El segundo nivel es la responsabilidad política de los partidos de izquierda. A ellos les corresponde salir de la irrelevancia o terminar de una vez con las luchas fratricidas. La defensa del sistema sanitario público puede ser una palanca importante para revertir la situación frente al PP y VOX, pero no la única. La situación de los colegios públicos se está degradando por la falta de medios.  Los problemas recientes con la tala de árboles para llevar a cabo las obras del metro, la situación del transporte público y el encarecimiento de la vivienda de alquiler son otros problemas cruciales. La ciudad de Madrid se está transformando, desde hace unos veinte años, en la capital del negocio y del turismo  con relevancia europea y mundial.  Un ejemplo para el proyecto neoliberal y autoritario. Por eso la emergente figura a nivel nacional de Isabel Diaz Ayuso. Por eso Madrid es el peldaño imprescindible para que las derechas recuperen todo el poder estatal, autonómico y municipal.

Pero a medida que ese proyecto avance, irán retrocediendo los servicios públicos y las condiciones de vida o trabajo de sectores amplios de la población. Se trata de una batalla de carácter estratégico en la que están involucradas muchas cuestiones relevantes. La defensa de la sanidad pública ha sido en Madrid el talón de Aquiles del Partido Popular y, por lo tanto, una palanca fundamental para revertir la dinámica social a la que estamos abocados. Pero sería una equivocación comenzar la casa por el tejado.

La experiencia de la lucha contra las privatizaciones hace diez años o en contra del desmantelamiento de la Atención Primaria,  nos muestra que los grandes procesos de movilización social no se inventan ni se pueden crear artificialmente. Para que existan unas condiciones de movilización no basta con la degradación material del sistema sanitario, sino la predisposición de miles o de cientos de miles a luchar; es decir, un nuevo estado de ánimo. Mientras esta circunstancia no exista, la tarea del activismo social o sindical debe ser la de permanecer muy ligado a la gente y a sus problemas. Un trabajo que hemos llamado de pico y pala, que nos permita ir creando nuevas redes de lucha y organización.

En ese sentido deberíamos superar el síndrome de una supuesta superioridad moral cuando hablamos de sanidad pública, como si el concepto debiera ser asumido sin esfuerzo y debate. Hay que salirse de la ecuación de que la defensa del modelo sanitario público es patrimonio de una izquierda política. Por el contrario, la defensa concreta de la sanidad pública, ya sea impidiendo la privatización de los hospitales o el desmantelamiento de la Atención Primaria, ha seguido un modelo totalmente transversal.

Hay amplios sectores de la población que, aunque voten siempre o puntualmente a las derechas, han participado en nuestras movilizaciones o huelgas. Esto es fundamental. Es un dato que refuerza nuestra lucha y debilita la posición hegemónica de las derechas en el momento actual. Cuanto más grande sea nuestro radio de acción más posibilidades tendremos de revertir la situación social y política. Las urgencias a la hora de volver a tomar las calles (como en el pasado) no son buenas consejeras. Dejémonos llevar por las corrientes más profundas del movimiento y actuemos, no tanto como “vanguardias” sino como una parte del mismo movimiento social.

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