Ende sigue contaminando la ría

Por Fernando Prieto

Las evidencias de cambio climático se acumulan. 2015 ha sido el año con las temperaturas más altas desde que existen registros, según la NASA. Y la Oficina de Meteorológica Mundial pronosticó que 2016 sería un año todavía más caluroso.

En España también se acumulan las evidencias: inviernos cálidos, incendios en el Norte en diciembre, efectos sobre las estaciones de esquí que han visto reducida su capacidad a casi la mitad, efectos graves sobre la agricultura, etc. Sabemos que España es especialmente vulnerable; y muchos sectores, desde la agricultura al turismo, los servicios en las ciudades, las costas o la biodiversidad están especialmente expuestos.

En París hace menos de dos meses casi 200 países establecieron los mínimos para avanzar en este grave problema que todos los países calificaron como el gran reto de la humanidad del siglo XXI.

Mientras, aquí no solo no se han hecho los deberes, sino que somos de los últimos en Europa en cumplir nuestros compromisos, según informes de la AEMA de 2014. España ocupa el último lugar de toda Europa en cuanto a reducción de emisiones totales y el penúltimo en porcentaje de reducciones. Todo esto contando con la grave crisis económica. Los partidos gobernantes nos han colocado en el último lugar  con el modelo productivo aplicado y además han puesto en marcha planes de asignación que han beneficiado a los que más contaminaban como petroleras, cementaras o energéticas, en una nueva forma de aplicar la política ambiental.

En este contexto, podría ser interesante que todos los partidos firmaran un gran pacto ambicioso contra el cambio climático basado en los conocimientos científicos existentes. Y no solo los partidos, sino también las organizaciones empresariales, los sindicatos y la sociedad civil. La absurda dicotomía “o elevadas emisiones o crecimiento de la economía” ya ha sido totalmente superada, todo el mundo entiende que menores emisiones implican mayor progreso y más sostenible.

La propuesta de acuerdo que podría articularse en una ley contra el cambio climático tendría que tener una serie de líneas mínimas: el compromiso de limitar las emisiones, planes adecuados y realistas de adaptación al cambio climático, apoyo a las renovables con retribuciones justas (ni las exorbitadas ofrecidas por el PSOE ni las inexistentes –que han endeudado a las familias y bancos, han destruido el sector empresarial y de I+D- ofrecidas por el PP), permitir la energía distribuida y el autoabastecimiento (en las elecciones todos los partidos excepto el PP lo proponían), cierre paulatino de las minas de carbón ofreciendo alternativas a los trabajadores, la prohibición del fracking, actuaciones para cambiar la distribución modal del transporte, sobre todo el ferrocarril. En resumen, avanzar con propuestas sólidas para el tránsito hacia una economía baja en carbono.

 La valoración de los impactos del cambio climático ha puesto de manifiesto la necesidad de tomar medidas urgentes por parte de los gobiernos a nivel mundial, regional y local. Como ejemplo, la administración Obama acaba de lanzar un plan para reducir sus emisiones un 30%, mientras presentaba los problemas que ya está teniendo el cambio climático en USA.

Las administraciones deberían realizar actuaciones en las ciudades para aumentar la resiliencia y blindar las infraestructuras estratégicas como las captaciones y depuración de aguas. Las administraciones, también, deberían asumir los planes de reducción, incentivos para cambios de tecnologías, planes de adaptación, de mitigación, de concienciación… y, sobre todo, deberían evitar las políticas contradictorias y las subvenciones perversas. En efecto: por una parte, hacen planes de reducción y, por otra, fomentan la minería de carbón o el transporte por carretera.

El nuevo modelo, que podríamos denominar menos carbón más silicio, proporcionará oportunidades de empleo. Este nuevo modelo incluirá actuaciones de mitigación a nivel local, regional o nacional con el desarrollo de tecnologías, sistemas, métodos e instrumentos para su incorporación a todos los sectores y políticas.

Los partidos que no entraran en este pacto deberían explicar a sus votantes y cuadros por qué no están de acuerdo en la lucha contra el cambio climático. La idea sería algo así como una versión doméstica de los acuerdos de la COP21 de París. El Observatorio de Sostenibilidad podría  aportar sus bases de datos y experiencia en la evaluación de políticas y rendición de cuentas para ir midiendo los avances en este tema.

No se entiende el apoyo masivo a temas como la captura o almacenamiento de carbono que todavía no cuentan con el respaldo científico total.

Como decía Ed Milliban en una iniciativa parecida en el Reino Unido: “Necesitamos una coalición de gran ambición … para reunir a empresas, sindicatos, sociedad civil, líderes religiosos, científicos, porque todos ellos expresan individualmente la verdadera preocupación, el interés y la pasión. “La tarea es tirar de esta coalición juntos en una voz poderosa y coherente.”

Pues eso. Lo que es bueno para luchar contra el cambio climático es bueno para la economía. Y para las personas. Esperamos que los partidos estén a la altura del reto.

Público

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