MATS Sanidad

"El 31 de diciembre nos termina el contrato, creo que a 14 personas de la cocina. Somos necesarios. ¿Qué van a hacer?"

Con esta entrevista comienza una serie de testimonios  que creemos que hay que oír. Son much@s l@s compañer@s que están pendientes de lo que sucederá después del próximo vencimiento de contrato. Así, durante años.

Detrás de cada contrato hay un rostro. Y cada rostro tiene una voz de la que queremos hacernos eco. Pero como las consecuencias de plantear su  situación en alto pueden ser graves, hemos decidido, en contra de nuestra política, respetar el anonimato de nuestr@s compañer@s. Son Voces Precarias. Somos Voces Precarias.

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Pinche de cocina en un hospital madrileño.

Pregunta:¿Cuánto tiempo llevas trabajando en la sanidad madrileña?
Respuesta: Ocho años
P.:– ¿Con qué tipo de contratos?
R.: Uf. Cantidad de bajas y en los últimos cuatro años me hacían contratos cada seis meses, renovables. Pero en 2012 nos echaron a ciento y pico personas; nos dicen que nos vayamos a la calle. Nos llama la Jefa de Servicios Generales a todos los que nos habían echado para decirnos que habíamos trabajado muy bien y que para ella era muy duro pero que teníamos que irnos a la calle. La respuesta nuestra fue que si para eso nos había llamado. Un compañero que vivía en Alcalá le dijo que si le llamaba para eso, que tenía que gastarse seis euros en el viaje solo para oír que eran estupendos y que lo habían hecho muy bien. Nos echaron.
Al poco me volvieron a llamar, para cubrir bajas. Otra vez como al principio. Y así estuve hasta que me hicieron un contrato eventual de meses.

P.:– ¿Cuándo te termina el contrato?
R.: El 31 de diciembre nos termina el contrato, creo que, a 14 personas de la cocina. Somos necesarios. ¿Qué van a hacer? ¿Van a echar a 14 personas o van a renovar otro año más? Y si estás un año más, te darán la interinidad?
P.:-¿Cuánto ganas tú al mes?
R.: Casi mil cien euros con trienios incluidos y haciendo fines de semana alternos, que te dan un extra de 39 euros. Es un desastre. Así no puede vivir una persona.
P.:– Desde el primer contrato que tuviste a la actualidad ¿cómo valoras que han evolucionado las condiciones de trabajo?
R.: Estamos peor, de personal estamos muchísimo peor. Ahora tenemos seis bajas sin cubrir. El último día yo llevé tres controles, cuando antes eran dos pinches para el mismo trabajo que hice yo ayer: unos 40 pacientes.

Gano unos mil cien euros con trienios incluidos y haciendo fines de semana alternos, que te dan un extra de 39 euros. Así no puede vivir una persona.

P.:– ¿Entonces crees que no os van a afectar las últimas sentencias que se están dando, tanto las recomendaciones del Tribunal de Justicia de la UE como del TSJ de Madrid para frenar el alto porcentaje de interinos que hay en la administración pública, sobre todo en sanidad?
R.: En las cocinas nos están engañando. Yo tengo asumido que es mentira. ¿Crees que van a hacer a tantos interinos?
P.:¿Crees que, a pesar de las negativas públicas, la Comunidad de Madrid mantiene la idea de privatizar las cocinas?
R.: Yo sí.
P.:¿Cómo afectan vuestras condiciones de trabajo a la calidad de la comida y al servicio a los pacientes?
R.: Mucho. Te cuento: hemos estado con un lavavajillas aunque tenemos dos. Uno de ellos se averió y tenían que traer una pieza de Alemania. Tenemos una máquina para meter toda la loza y los cubiertos y otra para meter las tapas y las bandejas en las que se sirve la comida. Hemos estado dos meses con un solo lavavajillas y estábamos como locos, discutiendo todos los días porque claro, si no tienes las condiciones adecuadas para trabajar te enfadas con el compañero porque teníamos que hacer turnos para lavar. Que si te has colado, que yo iba primero… Hemos llegado a insultarnos y todo para hacer nuestro trabajo. En estas ocasiones la gobernanta se queda metida en el despacho y no quiere saber nada del mundo. Hemos estado fatal.
P.:– ¿Y a tu vida personal la precariedad, el ir de contrato en contrato y no saber cuándo te van a renovar ni en qué condiciones, qué supone?
R.: Yo estoy siempre queriéndolo hacer todo perfecto, me lo tomo todo muy en serio, siempre con el miedo a que no me renueven. Llevo 8 años así, no puede ser. Todos los finales de contrato son iguales, con el miedo a que no te renueven, autoexplotándome, que no me pillen en nada. Yo he ido mala a trabajar (no soy la única) por miedo a que digan que como estoy mala no me renuevan.
Mira, conozco un caso de una compañera, que estaba con media jornada. La dijeron que fuera a trabajar todos los fines de semana la jornada completa y que la pagarían más. Es decir, que por esos 4 fines de semana la tendrían que dar ocho días de media jornada. Pues ella veía que ni la pagaban de más ni la daban los días libres. Hasta que un día una de las gobernantas se dio cuenta de que en todo el mes había librado solamente dos días. Ella pensaba que le iban a pagar más y necesitaba el dinero. Pues llega la hora de la verdad y le dicen que no se lo van a pagar y tampoco se lo dieron en días libres. Se lo tuvo que tragar por miedo.
Es un desastre tremendo. Es el miedo de no denunciar porque no me van a renovar, de no decir porque no me van a renovar, de hacer el doble para que me renueven, de no coger bajas y de renunciar a derechos para poder seguir trabajando.
P.:– ¿Cómo repercute la precariedad en tu salud y en la de tus compañeras?
R.: Siento que tengo mucho estrés. Me daban unas taquicardias… Y yo callada, te puedes imaginar. Y eso nos pasa a todas, alguna de nosotras ha terminado en urgencias.
Si es que encima tenemos que estar como perritos, casi suplicando que nos llamen. Hay veces que me dan ganas de dejar este centro, no quiero estar toda la vida de rodillas. Prefiero irme a fregar, me voy donde sea. Luego cuento hasta 10. Pero es que es muy duro estar ahí, tocando puertas de despachos preguntando si hay algo para mí.
Y hay unos descontroles… “Como mi mamá es médico, yo voy a trabajar este verano porque me ha castigado por suspender”. Y de repente ahí está. La contratación es completamente opaca y tendría que ser labor de los sindicatos el vigilarla. Porque no tenemos bolsa, está agotada desde hace años y se tira de currículums. Hay cada desastre… Es asombroso. No hay nada regularizado.
P.:– Entonces un compañero o compañera tuya que tenga mala suerte y se ponga enfermo cumpliendo un contrato ya se puede despedir…
R.: Ya no le llaman. ¿Sabes lo que le dijeron el otro día a una compañera mía? Que por necesidades del servicio tenía que venir sí o sí porque si no se tenía que atener a las consecuencias. Eso es lo que le dijeron. Esta compañera tiene una familia, unos hijos…y le obligaban a ir a pesar de haber cumplido su jornada. Ahora, por necesidades del servicio, te hacen ir cuando les da la gana y así suplen la falta de personal. Por necesidades del servicio también te hacen librar entre semana siempre sin disfrutar ni un solo fin de semana. Y encima piensan que se lo tienes que agradecer porque vas a ganar un extra. Y tú vas, te callas lo que piensas y dices gracias.

Todos los finales de contrato son iguales, con el miedo a que no te renueven, autoexplotándome, que no me pillen en nada. Yo he ido enferma a trabajar (no soy la única) por miedo a que digan que como estoy mala no me renuevan.

No estamos en bolsa, somos de currículums, no tenemos bolsa desde 2003, así que tenemos todavía menos derechos. Son cosas que no se pueden consentir. Es necesario que los sindicatos presionen para que se convoquen OPEs. Son los sindicatos los que tienen que presionar.
Está feo decirlo, pero nosotros somos la escoria, la última porquería del hospital
P.: Pero vuestro trabajado es fundamental
R.: A veces les digo a los pacientes que yo soy la más buena del hospital porque les doy de comer y no les pincho ni les hago pruebas. Se ríen. Pero es que la higiene en la alimentación en un hospital es fundamental.
Pero no les preocupamos para nada. Nuestros ascensores, en los que llevamos la comida, tienen unos escalones de casi 10 cm con lo cual para subir el carro tiras de él para meterlo en el ascensor y hay veces que se derrama la comida. Hemos dicho doscientas mil veces que arreglen los ascensores. ¿Sabes lo que nos dicen? Que bajemos el ascensor y lo hagamos subir otra vez para ver si se nivela. Yo siempre voy con las compañeras a urgencias porque nos lesionamos.
Además, con la falta de personal, vamos tirando de un carro con cada brazo. Al final hacemos las cosas mal hechas, rotando excesivamente la columna y produciéndonos lesiones innecesarias, que se evitarían con una plantilla suficiente. Normalmente tenemos un mozo, pero los fines de semana no trabaja. Y la nueva gobernanta dice que la función del mozo no es importante, así que quiere quitarlo también entre semana.
También tenemos un gobernante en funciones y otra más. Es decir, para un mismo turno tenemos cuatro gobernantes. Tocamos a unos quince pinches por jefe, pero parece que lo que más interesa es el control. Y en el otro turno pasa exactamente lo mismo.
P.:– ¿Y cuáles son las funciones de los gobernantes?
R.: Hacer planillas, la comanda… Y no sé qué más. Controlar
P.:¿Es cierto que cada vez se está adquiriendo más comida precortada, preparada de alguna manera o precocinada?

Todo lo que están haciendo es desviar dinero de la sanidad pública a negocios privados. Y mientras, recortes de plantilla y malas condiciones de trabajo. De 200 que éramos, ahora quedamos unas 150 y con muchas bajas sin cubrir.

R.: Sí. Antes se hacían las croquetas a mano, con lo que se controlaba todo el procedimiento. Y los caldos también. Nos poníamos cinco pinches en una mesa metálica redondeando las croquetas con dos cucharas. Ahora las croquetas las trae congeladas una empresa privada. Y no hacen falta tantos pinches pero el riesgo en la alimentación aumenta. Nunca sabes si se ha roto la cadena de frío, por ejemplo. O si se respeta la cantidad de sal. Las cajas son de cinco kilos, supongo que habrá con sal y sin ella, pero no las distingo.
Con el caldo lo intentaron también, pero estaba tan salado que tuvieron que desistir.
Las patatas y las zanahorias antes se metían en un pelador. Ahora viene todo cortadito: las patatas ya peladas en bolsas enormes de 25 kilos; las zanahorias nos traen esas pequeñitas manipuladas genéticamente para que sean todas iguales. La carne picada también la traen de fuera.
¿Tú sabes lo mal que huele la bolsa de las patatas cuando se descongela? Claro, conservantes les tienen que meter y no huele para nada igual que una patata que tú peles en casa. Y algunas por dentro están podridas.
Todo lo que se está haciendo es desviar dinero de la sanidad pública a negocios privados. Y mientras, recortes de plantilla y malas condiciones de trabajo. El otro día uno de un sindicato me dijo que desde 2007 hemos perdido casi 50 pinches: de 200 que éramos, ahora quedamos unas 150 y con muchas bajas sin cubrir.

Comentarios: 9

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  1. Cuando en un texto público aparece tal cantidad de estupideces, mentiras y falsedades como en éste, no queda mas remedio que contestar.
    No entro a valorar si los mas de 1100 euros que gana al mes, la dan para vivir o no, pero es algo que ya sabía antes de firmar el contrato.
    La falta de personal (que puede ser cierta) no la obliga a “tirar de dos carros, uno con cada brazo”. Puede y debe hacer dos viajes, por lo que si lo hace de la otra manera será por su propia voluntad.
    Las croquetas jamás, repito jamás, en los últimos 10 años que llevo en el hospital, se han hecho con dos cucharas. Se han hecho trabajando a mano la masa de croquetas por parte de las pinches. Ella tiene sus dudas sobre si las croquetas congeladas tienen su riesgo, en caso de haberse roto la cadena del frio. Mas riesgo habría antes en el caso de que algun pinche se hubiese hurgado la nariz u otra parte mas indecorosa.
    ¡Y por supuesto que vienen de una empresa privada! Como los pollos, las verduras, la carne, las latas… ¡El hospital no es ni una granja ni un huerto para autoabastecerse!
    Mas grave es cuando dice que no sabe distinguir si las cajas (que son de 2 Kg)llevan sal o no. Si no sabe leer tendría que ser despedida inmediatamente, porque para ser pinche se necesita al menos saber leer y escribir.
    Las patatas peladas vienen en bolsas de 5 Kg, no se donde ha visto esas supuestas bolsas de 25 Kg. ¿Ha efectuado esta pinche algún tipo de análisis genético para afirmar que las zanahorias han sido manipuladas geneticamente? Afirmaciones de ese tipo hay que demostrarlas con datos de laboratorio y no con especulaciones estúpidas.
    ¡La carne picada tiene que venir ya así! Viene picada y envasada al vacio. Está totalmente prohibido por la legislación sanitaria de alimentos, que la carne se pique en las cocinas.
    ¿Que las patatas descongeladas huelen mal…? ¡Y quien dice que las patatas congeladas tengan que descongelarse! Las patatas congeladas se frien (como cualquier alimento precocinado) directamente.
    Todas estas afirmaciones que vierte en la entrevista no las puede reconocer como ciertas ninguna persona que trabaje en la cocina, por lo que empiezo a dudar que realmente esa pinche “trabaje” aquí.
    Lo que es vergonzoso es que esa “supuesta” pinche se escude en el anonimato para defender su inutilidad e incapacidad manifiesta atacando a otras categorías laborales como somos los gobernantes, criticando nuestro trabajo, que por otra parte desconoce totalmente, como bien afirma. No hay que olvidar, y eso los sindicatos lo olvidan con muchisima frecuencia, que los gobernantes no somos un cargo, ni un mando intermedio puesto “a dedo”. Somos una categoría a la que (en mi caso) accedí hace 23 años después de un concurso-oposición con 2 exámenes.
    Se queja de tener en ocasiones que ir a trabajar días que no la corresponden por “necesidades del servicio”… ¡Nosotros tambien lo hacemos! Y las enfermeras, celadores, personal de mantenimiento… ¿O es que las pinches tienen que ser diferentes?
    Para terminar la aconsejaría una sola cosa.
    Mira “pinche insatisfecha”… lo que deberías hacer, es para evitar sufrimientos por las dudas de tu renovación o no, es pedir el cese. Te vas a fregar (que es lo que dices que deseas) a una empresa privada por 1100 euros al mes por 7 horas (oficiales) de trabajo y con jefes atentos que no te estresen para que no te den taquicardias.
    ¡Ahhh… cuando la encuentres me avisas para ir yo también!

    JOSÉ RAMÓN GONZÁLEZ (JR)
    Gobernante del Hospital Universitario Ramón y Cajal.

    1. HOLAAA José Ramón. Siento decirte qué no cuentas toda la verdad….las cosas han cambiado muchísimo en muchos centros hospitalarios. Sobre muchos de los gobernantes me reservo la opinión y sobre todo quienes se toman la justicia por su mano, de eso he visto algo.

  2. Estoy indignada, Es increible con que ligereza se dan datos y se cuentan actuaciones, has dejado tu servicio por los suelos, pero tan horrible no sera cuando lo que te preocupan es que te renueven. Cuando te obliguen a cumplir el horario a rajatabla, no te tomes una hora para desayunar/merendar y otra para comer/cenar y no te dejen salir a fumar, acuerdate de tus otros compañeros de hospital que no pueden hacerlo, o de tantos otros que lo hacen en los servicios publicos gestionados por empresas privadas por 900 euros

  3. Que razón tienes, las cocinas se están convirtiendo en un terreno sin ley, siempre con miedo. A mí me están dando ganas de dejarlo todo. Pero estoy segura de que las cosas tienen que cambiar y, por una vez, para bien. Mucho ánimo para luchar por nuestros derechos

  4. ¿Puede el pinche de cocina hablar? ¿Puede el pinche de cocina hablar públicamente sin ser acusado de mentir, sin que se rían y mofen de sus palabras, sin que nadie se sienta ofendido al tratar de relatar su propia experiencia laboral? Quizá algunas personas prefieran que el pinche de cocina dejara de hablar de ciertas cuestiones, es más, quizá desearan que jamás hablase, pero ante la pregunta de “¿Puede el pinche de cocina hablar públicamente?”, es preciso aclarar que no es fácil hablar libremente, con sosiego, cuando la amenaza del fin del contrato, del sin vivir de la esperada renovación de aquel personal eventual, puede truncarse por una sola palabra. No, no es fácil hablar públicamente para el pinche de cocina.

    Cuando un pinche de cocina habla, cuando se expone públicamente y se expresa sobre aquello a lo que dedica casi un tercio de su vida cotidiana, sus mejores años, su salud y vitalidad, algunos se enojan o escandalizan, ¿pero de qué vamos a hablar los pinches de cocina si no es de nuestro propio trabajo al que dedicamos tanta energía, penas y alegrías?, ¿o es que no podemos hablar ni siquiera del trabajo?

    Quiero manifestar mi apoyo personal a la compañera que ha tenido el coraje de atreverse a dar testimonio de su experiencia en la cocina, con sus aciertos y errores, con sus luces y fuerzas, con sinceridad. Aplaudo su valor al ejercer sus facultades democráticas, ¿o es que la democracia deber quedar en suspenso al entrar en la cocina del hospital? Aplaudo su coraje al ejercitar su derecho fundamental a la libertad de expresión recogida en nuestra constitución.

    No deseo entrar en el debate sobre si hay inexactitudes, o no, en la entrevista, porque en lo fundamental todo es cierto; ¿y qué es aquello verdaderamente importante, qué es aquello fundamental que expresa continuamente nuestra compañera en su entrevista? Trata de expresar la angustia del pinche de cocina eventual, su existencia siempre en la cuerda floja, pendiendo de un hilo, bajo el estrés de la espera a ese contrato que quizá nunca llegue, ¿o es que alguien se atreve a negar que el pinche de cocina eventual recibe un trato diferente, a veces durante años y años, que el resto de sus compañeras? El miedo y sus efectos, el perder el trabajo y sus consecuencias, ser o no ser, son los temas centrales en los que se desarrolla la palabra que expresa nuestra compañera. No era tan difícil leer bien la entrevista.

    Quizá algunos piensen que el pinche de cocina está mejor callado. No, no lo estamos. Callados parecemos idiotas, y los “idiotes”, en la democracia ateneniense, eran aquellos que carecían de libertad y recursos para dialogar y discutir en el ágora. No, no es bueno para el pinche de cocina permanecer callado, ¿o es que hemos olvidado los encierros, las reuniones, las largas marchas desde el hospital, las asambleas, la recogida de firmas, el referéndum simbólico en pro de la sanidad pública y universal, y tantas horas y horas dedicadas a la mejora de lo público, que evitaron la privatización de las cocinas y la extinción por decreto de la categoría de gobernante y pinche de cocina? Si los pinches de cocina no hubiéramos hablado bien alto en otras ocasiones, nuestro servicio ya no existiría.

    Ante la pregunta inicial de “¿Puede el pinche de cocina hablar?” La respuesta es inequívoca: sí. Desde nuestra experiencia, con nuestros aciertos y errores, aun a riesgo a equivocarnos, el pinche de cocina debe hablar públicamente.

    Óscar Mario Alajarín Ferrández, pinche de cocina en el hospital Ramón y Cajal.

  5. Apoyo el texto punto por punto de Óscar , difamar y reírse de alguien es fácil, por eso siempre admiro el que un compañer@ , tenga la valentía de decir lo que piensa….que en lo fundamental tiene razón y que las inexactitudes son totalmente irrelevantes (por eso el ataque se funda en éstas ) que el compañer@ en ningún momento ataca ninguna categoría ni se ríe de nadie , habla de su propia experiencia aunque algunas cosas por tanto sean apreciaciones personales….simplemente opina sobre su propia experiencia , cosa que a estas alturas debería formar parte de nuestra cultura democrática

  6. Para el gobernante de cocina…
    Acaso crees que por negar los problemas desaparecen?
    Cuídate y cuida a los tuyos porque si dejáis que se salgan con la suya, y si privatizan el servicio, ten en cuenta que l@s gobernant@s también desaparecen. Y lo digo con conocimiento de causa. No se quedan con nadie. Así que toma nota majete.

  7. Felicito a la pinche por su valentía, no todas se atreven ha hacer esas declaraciones.
    Por mucho que se quiera ocultar la realidad, lo qué se dice en la entrevista es en realidad lo que esta sucediendo.
    Como de costumbre quien trabaja cómodamente y sin sudar mucho, como son la mayoría de las y los gobernantes, les importa un bledo las condiciones en las que trabaja el personal, a ellos solo les importa sus beneficios.
    Es indignante que no se les pague días trabajados ni se los den a librar, de esa forma ellos se colocan medallas ante la dirección y en el caso de privatizarse las cocinas ellos pasarían a ocupar otros puestos dentro del Hospital, por suerte para muchos trabajadores las cocinas según Cifuentes no se privatizan. Que muchos alimentos estén en no muy buen estado, me parece que es generalizado, no entiendo el motivo por el que no se retiran o devuelven, supuestamente algo tiene que haber. Lo triste de toda esta problemática es que las y los pinches no estén unidos en todos los centros, que hay quien se piensa que por ser el chivo espiatorio estando al servicio de los gobernantes y dirección les regalaran la plaza jijiji, las y los pinches son meros números, a los que en muchas ocasiones se les amenaza, insulta y humilla. Donde estaban muchos de esos gobernantes cuando se hacían manifestaciones en contra de la privatización de las cocinas ?.
    Un saludo a todas y todos

    Mari

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